Casi todos los comparecientes ante la juez Alaya en el asunto de los ERE y las prejubilaciones falsas se las han traído tiesas con su Señoría sin lograr, en modo alguno — ahí está el mérito de esa dama– sacarla de sus casillas. El último, por ahora, ha sido el ex-director general Juan Márquez, cuyas propias declaraciones contrastan con la informalidad de su testimonio que mereció no pocos parones por parte de la instructora, que al fin lo dejó en libertad con cargos –cuatro presuntos delitos continuados de prevaricación,  malversación de fondos, falsedad en documento y omisión del deber de perseguir delitos. Márquez no se lo creía cuando su letrado le comunicó la decisión de no encarcelarlo. A ver cómo se las avían ahora PSOE  e IU en el Parlamento para sacar adelante este inverosímil saqueo.

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