El gigante postcomunista chino no puede, por lo que se ve, prescindir de los mitos, incluidos algunos que rechinan con estrépito con los rancios postulados del maoísmo aún en vigor. Y entre ellos ninguno, probablemente, como el que implica el revitalizado culto a Huangdi, el “Emperador amarillo”, presentado por la propaganda oficial como el padre cinco veces milenario de la raza y de la civilización chinas, el venerable epónimo de los Han que fue capaz de irradiar las innumerables raíces étnicas hoy existentes poniendo orden en el caos preexistente antes de fundar el Estado nacional. Todos los años, cada mes de abril, y bajo la protección cercana del propio Partido Comunista Chino, se celebran en Xingheng, en la provincia de Henan, extraños rituales entre religiosos y laicos que últimamente atraen, con éxito creciente, a las poblaciones de la diáspora dispuestas, como todos los asistentes, a rendir culto a ese personaje faboluso cuya presencia mística conmemoran con rezos, incensarios y tamborradas. No todo en el milagro chino son, pues, talleres y granjas, ni siquiera rascacielos cristalinos como los que dibujan la “sky line” de Shangay, y menos aún rígidos dogmas heredados que, al menos de momento, parecen compatibles con la asombrosa transformación de la vida social, sino mitos cuidadosamente revisados por el propio Partido cuyo creciente interés por hacer del nacionalismo, junto con la libertad de mercado, un firme puntal de la vida del país, no duda ya ni a la hora de reinventarse un emperador legendario para que ejerza de eventual catalizador de las energías y esperanzas populares. Decían que el poder del gran dinero cambiaría China haciendo crujir la mentalidad heredada. Lo que quizá no incluyera esa previsión era esta imagen canónica del emperador amarillo.

 

Los mitos no pierden su función ni siquiera en el férreo contexto ideológico de una dictadura como la postmaoísta. Están ahí, emparentados en silencio con la cultura latente, aguardando su momento, como a la espera de una oportunidad para volver al aire libre y demostrar su superioridad intemporal sobre las circunstancias eventuales de la política, listos para servir lo mismo a un imperio tirio que a una república troyana, con su carga de seductora mistificación y su capacidad sincrética. Y si no consideren a ese PCCH oficiando de medio pontifical en el festival de Huangdi, con sus varillas de incienso y sus masivas prosternaciones, inconcebibles no hace tanto todavía en el paraíso de la “revolución cultural”. Todo pasa menos el mito. Es cuestión tan sólo de aguardar su oportunidad.

5 Comentarios

  1. Si Mao levantara la cabeza… Pero sepan ustedes que él, EL GRAN GUÍA, también coqueteó con lo del emperador amarillo. Aquí el que no barre para dentro es que no tiene escoba.

  2. Por más que pueda discrepar de gm en aspectos diversos, me llama la atención la diversidad de los temas que maneja, su información y su criterio, así como por lo general su rectitud de miras. Enm esto del PCCH, él que es antiguo conmilitón, se limita a subrayar la paradoja que supone el asutno del emperador amarillo, pero me parece percibir una cierta amargura en el trasfindo de sus palabras. Como nunca he dudado de su buena fe creo que puedo expresarme con la libertad con que acabo de hacerlo.

  3. Estupendo asunto, en efecto arrastrado desde los tiempos de Mao, que habla por sí solo del pragmatismo chino. El PC chino, en cualquier caso, no debe hacer demasiado esfuerzo para comportarse como una iglesia, ya que durante decenios ofreció a Mao culto de latría.

  4. Nos hemos divertido con el asunto que, a pesar de lo que opine nuestro doctor Pangloss, no deja de ser espectacular y, por cierto, desconocido en estos lares. Todo lo de China nos suena como extraño, nos sorprende, creemos que porque ese pueblo tiene su forma muy exclusiva de pensar y actuar. Lo que nos llama la atención es este recurso a la leyenda, en un pueblo con tan larga y conocida historia. Eso es lo que hace más curioso el recurso de los comunistas oficiales al mito. Aparte de todo, habría que preguntarle a ese “chino vicino” que todos tenemos ya en el barrio si piensa asistir a esos cultos dejando el “todo a 100”. Lo dudamos.

  5. El alma de los pueblos va siempre en la misma dirección: la búsqueda. Mas raro resulta que sea precisamente ese partido –cuya historia, reciente aún, es tan terrible– el que promueva “religiones laicas” como instrumentos para gobernar. Nunca dejaremos de asombrarnos, está visto.

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