Para que los escándalos no sean, como hasta ahora, estrellas fugaces en este cielo cada día más negro, habría que hacer un mapa detallado que fijara esta geografía política del saqueo político. Evitaría ese mapa que ladrones y conseguidores se fueran de rositas con sólo esperar en cada caso a que amainara el temporal mediático, y permitiría, además, conocer con detalle una realidad que se escabulle entre dimes y diretes. En Andalucía el mapa habría de mostrar que casi nadie se salva de la quema, pero que es abrumadora la mayoría de “casos” vinculados a la hegemonía del gran partido que gobierna el “régimen”. Ese mapa tendría que ser exhibido en los colegios electorales para que cada votante supiera a qué atenerse.

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