Cuando se produjo la increíble batalla por Madrid, es decir, el descubrimiento de una trama especulativa en el seno del propio PSOE madrileño (la FSM) –una batalla que costó al PSOE, ya veremos por cuanto tiempo, la hegemonía en la capital de España– fue noticia que el secretario de Organización, Pepiño Blanco, andaba reuniéndose con los especuladores en su despacho, ni que decir tiene que para hablar de la mar y de los peces, nunca jamás de la presunta corrupción descubierta. Ahora sale nuevamente el personaje, por una vez no para flagelar al PP y pedir “tolerancia cero”, sino para mostrarse desnudo como el rey de la fábula ante la presunta evidencia que proporcionan las voces grabadas en unas cintas de cargo. Ha coincidido esta reaparición con la de Aida Álvarez –la recaudadora del partido que tenía en casa un frigorífico para conservar sus pieles– que anda estos días por estrados y corrillos proclamando que ella jamás cobró comisiones sino que “aceptó donaciones”. También con los rebotes que le han lanzado algunos a la ministra de Fomento por atribuirse el mérito del AVE con olvido de aquellas comisiones que la Audiencia de Madrid demostró que había trincado incluso algunos “hombres del Presidente” porque –decía la Audiencia entonces– las empresas adjudicatarias consideraban “el pago de la comisión como parte indisoluble del ‘paquete’ junto con la realización de las obras o compras adjudicadas”, un argumento que no podía evitar la difusa pero activa condena de una opinión pública que los jueces interpretaban como derivada de “un pesimismo antropológico del más puro corte hobbesiano”. Hobbes se hubiera vuelto voluntario a la tumba si resucita para leer semejante exégesis.
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No sé si de esta se librará también el famoso Pepiño, el hombre que más lejos llegó sin título en la política española, entre otras cosas porque estoy convencido de que, salvo excepciones, la corrupción –el agio que decían (con discutible propiedad) nuestros abuelos– es un efecto prácticamente inseparable de la vida pública o, más bien, del ejercicio del Poder. La limpieza de manos no fue precisamente la preocupación de César o antes de Pericles ni lo es en nuestros días de unos dirigentes que, con escandalosa frecuencia, deben pactar su impunidad (Yeltsin con Putin, Chirac con Sarko, Blair o Berlusconi con quien se vaya terciando) para escapar al peso de una ley que proclaman igual para todos pero de la que se zafan en cuanto pueden. Los jueces dirán si esas cintas son auténticas o trucadas (que sean producto de una venganza, como alega el PSOE, resulta, claro está, indiferente), si las voces pertenecen a quienes parecen pertenecer, si en efecto el tal Pepiño autorizó –ah, el centralismo jacobino– a los sociatas pitiusos para que cobraran comisiones ilegales, o bien todo queda en agua de borrajas. Mientras tanto, quedemos instalados en un discreto escepticismo, acogidos a sagrado bajo la cálida experiencia de la impunidad, mirando de reojo acaso al ideal perdido de una vida pública en la que la decencia no estuviera proscrita de entrada. Nada menos que Merton ya explicó que la corrupción es un problema político que las elites convierten en funcional y aunque cueste incluir a Pepiño en ese olimpo, la verdad, no me dirán que, por una vez, la realidad no sale garante de la hipótesis científica. Decía la sentencia del AVE que “los concursantes se resignaban” al cohecho, que se plegaban sumisos a la exacción, sin duda para repercutir el gasto en el precio final. Ya ven qué  poca vergüenza hay que tener para, encima, hablar de “tolerancia cero” como hablan. O para decir, como andan ya diciendo –seguro que basados en la experiencia propia– que este nuevo embrollo no es más que un montaje electoralista del rival. Verán como no pasa nada. Gil demostró el cohecho en el “caso Montaner” y ahí tienen a los culpables, tan panchos.

4 Comentarios

  1. Lo difícil que es montar en bici con piñón fijo. Pero es que hay veces que no queda otro remedio. A piñón fijo, una servidora no tiene más que repetir –sor Morcilla- que muchos de los males que pudren esta peorcracia, lo antónimo de aristocracia, pero no me acuerdo del contrario griego de áristos, devienen de una nefasta ley electoral. Con ella son necesarios los convolutos, los enjuagues, las chapuzas, el cohecho y el malegro verte bueno con una mano mientras con la otra te quito la cartera. ¿De qué otra manera se sustanciaría el despilfarro que supone mantener, dar de comer y beber a tanto mameluco como se apesebra en las lindes de los partidos y el derroche que avergüenza en las campañas electorales?

    Peorcracia porque es un despotismo nauseabundo que hace que esas papeletas que depositamos en la urna –cada vez menos y con la nariz más apretada- encierran una lista que elaboran cuatro marisabidillos, y por ello, torpes, ignaros, soplagaitas, soberbios, manipuladores… basura casi inorgánica. ¿Cómo si no van a llegar tan alto mediocridades como el Circunflejo, zoquetes como el de Caldas de Rei, burricies como el molt honorable Charnego de Iznájar? Y todavía por ese babor hubo un congreso con más de una lista, con el Bono bonito en el otro ángulo del ring al que se le quedó semejante careto después de los oficios, pero ¿qué me dicen por estribor del amiguito del bigote, el de la ampulosa boda escurialense, parlanchín de catalanidades en la intimidad y de gringotejano en los ranchos de allende el Charco? ‘Este es mi hijo muy amado en quien tengo puestas todas mis complacencias’ dijo remedando a Elhoim e hizo descender la gloria celestial sobre la cabeza del registrador.

    De acuerdo. Esta lega puede ser radicalanarcoideindividualista, lo asumo y una horita de cilicio diario la dedico a expiar tanta culpa. Pero no me digan que el panorama no es como para que se desinfle la afición, el sueño de tantos años.

  2. A destiempo y a mi Sor preferida: mil gracias por las aclaraciones que , n efecto me sirvieron de mucho. Esta noche, me acostaré menos burricie. (¿se dice?) (Esto rima y todo.) Lo que pasa, mi querida Sor Tremenda, es que hoy pasa lo mismo: necesito más aclaraciones.Por ejemplo, ¿se puede saber quién es el de Caldas del Rei o el Charnego de Iznájar, o el de la ampulosa boda escurialense?
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    A don Griyo le respondo, también a destiempo, que eso de que hay más quesos en una sola provincia que en toda Francia es imposible y sin chovinismo ninguno.

    Gracias a ambos y besos a los dos.

  3. Mil perdones una vez más, mi doña Sicard. Una escribe siempre para la inmensa minoría y lo más exquisito de esa minoría, usted, no tiene por qué estar al corriente de ciertas claves.

    En Caldas de Rei, una aldeita de Lugo, nació no ha mucho tiempo el Secretario de Organización del PSOE, un muchacho poco despierto y con escasa habilidad para el estudio. Pero serpenteando, serpenteando, se colocó en la esfera próxima a otra mediocridad, que por esas bromas aciagas del destino, es nuestro actual presidente del gobierno. Es ignorante, zafio, malhablado, pero eso que en otro lugar serían defectos desgraciados, en el puesto que ocupa, son virtudes para la tropa de zopencos que acaudilla.

    El Charnego es un andaluz que emigró adolescente a Cataluña. A fuerza de doblar la cerviz y coleccionar humillaciones llegó a alcalde de un pueblo catalán. Dice que a causa de trabajar desde joven, no pudo dedicar su tiempo a elaborar una educación mejor. Intenta hablar en catalán y su dicción es peor que la mía cuando intento expresarme en las lenguas de Molière o de mi don William. Pero trepando, trepando, y tragando, tragando, es hoy el presidente de la Generalitat catalana. (Debe ignorar que existen grupos nocturnos en muchas facultades universitarias y que funciona, más bien que mal una Universidad a Distancia.) Haciendo muestra de mi inmodestia, puedo asegurarle que los dos títulos que poseo, los obtuve compaginando trabajo -una es de condición social más bien humilde- con estudio y sacrificio.

    Me tiene a su disposición y procuraré no volver a utilizar claves que usted no tiene por qué conocer. Un beso.

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