El Tribunal Supremo (cuando lo deja el TC) ha liquidado al juez de Familia, Francisco Serrano, por la telenovela del niño cuya tenencia paterna se prolongó un día en atención a su fervor cofrade. Dudo seriamente de que si Serrano hubiera hecho lo mismo pero en favor de la madre en lugar del padre, hubiera sido condenado por una Justicia cuya cúpula es incapaz de elegir Presidente, echa al anterior por cargar al Presupuesto sus viajes pero se niega a descubrir lo gastado en el mismo capítulo por el resto de la compañía. Es triste que el Supremo soporte la supremacía del Constitucional o que los jueces de Estrasburgo se hayan convertido en la última esperanza de los justiciables españoles. Esperemos que estos no defrauden a Serrano como no defraudaron a Liaño.

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