Desde hace bastantes años, las novelas de Tom Sharpe –que acaba de morir en su retiro catalán—me han servido de descansadero de otras lecturas más graves. Lo conocí gracias a mi amigo Ángel de Lucas, el gran sociólogo fallecido hace poco tiempo, que me recomendó “Exhibición tumultuosa”, una de las sátiras más eficaces que he leído en mi vida sobre la insensatez humana y, muy en especial, sobre la vida en la Sudáfrica del “apartheid” que Sharpe conoció tan a fondo como para tener que irse al destierro. José Antonio Gabriel y Galán, otro amigo perdido, decía que era una lástima que el desenfado de Sharpe lo situara en el extrarradio de lo que entendemos por “buena” literatura, allá en ese barrio divertido y promiscuo que es, según cierta crítica, la literatura de entretenimiento, ésa en la que un autor no recurriría nunca a un consultorio médico, como hacía Flaubert, para describir con precisión “científica”, el envenenamiento de una heroína, sino que se deja arrastrar por el turbión de su experiencia, ciertamente vasta y rica. Personalmente no creo mucho en estas distinciones –el Quijote me parece un libro soberano pero, además, hilarante—aunque comprendo el remilgo crítico que ve en estos “divulgadores” de la experiencia una suerte de escritores de segunda por más que, como en el caso de Sharpe, haya llegado a ser, en algún momento, el autor más vendido del mundo. Lean “Exhibición impúdica”, asistan a las locuras de “Wilt”, entréguense desarmados a la degustación de “Una dama en apuros”, la odisea en meandro de una panda de chiflados que constituyen, allá en el fondo de la intención, un mosaico hiperrealista de la irracionalidad con que una insospechada mayoría vive la vida. Para mí Sharpe no era un segundón, quizá porque nunca he tenido claro por dónde va la linde subliminal que separa la ironía de la seriedad.

No perderán el tiempo –ese tiempo que algunos escatiman reservándolo a las prosas severas—leyendo esta obra que es, en el fondo, un ejercicio magistral de costumbrismo contemporáneo y cosmopolita, al tiempo que una crítica feroz de la inhumanidad y la idiotez humana, tan frecuentes. De Sudáfrica a Cambridge pasaría Sharpe levantando caretas y exponiendo perfiles genuinos, políticos, policías, damas, clérigos, malevos, todo ese enjambre trágico y divertido que constituye la humanidad. El humor de Sharpe, cierto, es eso que suele entenderse por inglés. Les aseguro que leído en español se le entiende todo.

10 Comentarios

  1. Se agradece esa visión nada elitista de la literatura. GM comprende bien, porque es buen lector (lo tiene demostrado), que el humor ligero puede ser tan profundo como lo es el de Sharpe.

  2. Me alegra esta defensa de Sharpe, un escritor estupendo que a mí me ha hecho pasar muy buenos ratos. ¿Y qué más se le puede pedir a un escritor? El anfi hace muy bien poniéndose de parte de la literatura de “entretenimiento” dentro de una límites de calidad.

  3. No conozco a ese autor, pero por la recomendación solvente de jagm voy a procurarme alguno de esos títulos. La columna periodística puede hacer mucho por la cultura y por la gente. éste es un buen ejemplo.

  4. Tampoco yo conozco a este autor y también yo procuraré agenciármelo. Los consejos buenos no deben despreciarse y los de don ja suelen serlo.

  5. Le debo a Wilt el haber salido de algunos malos ratos. Arranca la sonrisa sin recurrir a una inteligencia demasiado aguda como la mía.

    En lo que me parece que hay un error es en el título de la “Exhibición…”, que creo es impúdica. Lo de tumultuosa va con algo parecido. No conozco ninguna de ambas, solo Wilt. (Pero lo he mirado en un par de sitios, ji ji)

  6. “Exhibición impúdica” es genial. Me la prestaron en un curso que estaba haciendo en Marsella y le leí de un tirón. Estos autores que se leen de un tirón son siempre de agradecer, pienso yo, ya

  7. que bastantes penas tiene la vida…
    (Disculpen pero se me disparó el cacharro antes de acabar la frase).
    Gracias.

  8. Tampoco yo lo conozco, cosa que me ha hecho quedar muy mal al comentar la columna con mi hija (opositora a Registro en este momento), quien me ha reprochado ignorar a uno de los “mas divertidos y profundos” críticos del siglo XX. ¡Estos hijos…!

  9. No es cuestión de “literatura seria” vs. literatura simpática, entre otras cosas porque los libros de Tom Sharpe contienen una crítica demoledora y al tiempo correctísima de la impudicia humana, de nuestros vicios ocultos o explícitos, de los trucos de la dominación sobre los dominados. Sudáfrica era un buen campo de observación, eso hay que reconocerlo, pero Sharpe hizo muchas otras críticas y siempre atinadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.