El escándalo de los enchufes políticos no resiste mejor comparación que el de los sueldos. Si en la Diputación de Almería se crean 70 puestos de confianza para poder satisfacer el complejo entramado de intereses de un “tripartito” que, a la vista está, no ve en la política más que chollo al alcance de la mano, en el Ayuntamiento de Sevilla el sueldo finalmente averiguado del alcalde resulta ser el doble del que venía confesándole a los ciudadanos. Dicen que el presidente de la Diputación de Gerona se ha subido el sueldo propio un 42 por ciento hasta situarlo en 8.700 euros al mes, es decir, 9.000 más al año que el mismísimo presidente del Gobierno, pero hace poco el PSOE obligaba a dimitir a un alcalde de pueblo que igual trincaba más que los primeros jerarcas de esta nación de naciones a la que van a acabar dejando en cuadro. El propio Chaves ha sugerido a la FAMP que ponga coto a este expolio marcando una tarifa limitada como si él fuera ajeno a este festín. Una vergüenza. Nunca una profesión tan mediocre ganó tanto en España.

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