Nos entretenemos con los mangazos permitidos u organizados desde la Junta. Mucho menos nos fijamos en la catastrófica gestión de las economías en crisis que ha venido haciendo la autonomía y de la cual el escándalo de los EREs no es sino el remate y colofón. El cierre de Santana Motor es un ejemplo mayúsculo de esa estrategia de trampeo sistemático –pan de hoy y hambre para mañana—que parece ser la única que se le ocurre a la Junta: dieciséis años de trajines, miles de millones dilapidados, EREs por un tubo y, en fin de cuentas, el cerrojazo y otro paquete de trabajadores (1341 exactamente) a la calle. Quizá ningún fracaso comparable al de la ausencia de un modelo económico. Tras este cerrojazo de ve con la mayor claridad.

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