Durante su visita a Hispanoamérica, el presidente iraní Ahmedineyad ha sido calificado por el inefable Hugo Chávez como “un hombre bueno”. Podía haber tirado ese bocazas del repertorio bolivariano y hablar del campeón antiimperialista, del hombre que anda enfrentando su país a una catástrofe a causa de su agresivo proyecto nuclear, incluso tuvo en su mano, aunque fuera para uso exclusivo de racistas radicales, recordar que él fue quién anunció su deseo y, tal vez, también propósito de “borrar a Israel del mapa”. Pero no, ha elegido lo de “buen hombre” para adecentar en lo posible a ese antiguo terrorista que supone hoy la mayor amenaza para la paz mundial. Me cuenta un amigo diplomático que  está claro que Ahmadineyad no busca disponer de esa energía para usos civiles, para lo que bastaría enriquecer el uranio hasta un 3 por ciento, puesto que ha conseguido ya enriquecimientos del 20 y persevera en el intento –parece que hoy por hoy frenado aún, afortunadamente, por graves carencias  tecnológicas—de alcanzar un enriquecimiento del 90 por ciento, que es el preciso para conseguir la bomba atómica. En poco tiempo entrarán en vigor, por otra parte, los embargos del mundo civilizado a sus exportaciones petrolíferas, lo que ha de suponer un palo considerable para una economía dependiente como ésa del negocio del crudo, debilitando , sin lugar a dudas su posición dentro del país más de lo que ya lo ha hecho el silencioso pero duro enfrentamiento que el mandatario mantiene con los mullahs de Alí Khamenei, quienes no ocultan ya su simpatía por una reforma que eliminara la presidencia para sustituir el régimen actual por otro estrictamente parlamentario. El “buen hombre” lo tiene crudo, mientras los israelíes –también hay que ponerse en su lugar aunque ello no baste—promueven el terrorismo interno llegando a actuar disfrazados de agentes de la CIA, y en especial la caza de científicos comprometidos con el proyecto nuclear. No parece fuerte la posición de ese loco de atar, que puede que encuentre dentro de su propio corral lo que sus interlocutores occidentales no han logrado hasta ahora.

Su reciente viaje a Hispanoamérica, apadrinado por Chávez y los Castro, con la comparsa del ecuatoriano Correa y el menorero Daniel Ortega, demuestra la soledad en que se encuentra, de hecho, quien se ha erigido insensatamente en amenaza mundial y gran desestabilizador de una región tan estratégica como agitada, un agitador profesional al que cuesta negarle sus dotes actorales. Qué qué hacía allí nuestro Príncipe, soportando el ninguneo del menorero, es pregunta que sólo puede contestar un Gobierno, que responda o no, seguro que ha aprendido la dura lección.

4 Comentarios

  1. Si se confirmaran esas tensiones internas en el régimen de los mullahs una bendición le habría caído al mundo. Ese tío es un loco, pero no el único que anda suelto con el Poder en la mano.

  2. Lo que no dice es que el Mossad está organizando terrorismo contra ese legítimo proyecto de producir energía nuclear pacífica. Para llevar razón hay que decirlo todo.

  3. No se entera quien no quiere enterarse, como el Dr. precedente que reclama lo que en la columna se dice con detalle y rotundidad. ¡Por Dios, es que no podemos ser independientes de criterio ni siquiera cuando nos dan los argumentos?

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