Se ha ido Antonio Segovia, probablemente el político más distinguido (y tomen el término como mejor les plazca) que ha tenido Huelva, el alcalde más joven de España que era capaz de meter a Huelva en los despachos de Madrid cuando Huelva era un rincón del mapa que ignoraban hasta sus gobernadores. Político de simpatías, imaginativo, un punto fantasioso, pero también gestor de obras de enorme importancia relativa en una capital que era todavía un poblachón con calles mal adoquinadas y calles con alumbrado precario. Con Segovia, Huelva dio un salto notable en plenos 50 y hay que decir en su abono, porque es la realidad, que supo marginar la sombra política de la dictadura como si con él no fuera la feria. En una ciudad a donde los funcionarios todavía venían “castigados”, él abrió una etapa de modernidad imprescindible que sirvió de base a lo que vino luego. Liberal y fundamentalista del onubensismo, soñador y práctico, distinguido como pocos, fue Segovia un gran profesional que lo dejó todo por la política. ‘Rara avis’. En Huelva hay mucha gente que sabe que todo eso es verdad.

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