Los cuatro partidos que tratan de repartirse el botín público andan a punto de abrir el “todo a cien”, un “black friday” generoso ofreciendo a troche y moche a la sufrida ciudadanía su mundo feliz. Florecerá la abundancia, resurgirá la sanidad, la educación saldrá disparada hacia el éxito, bajarán los impuestos, será erradica la corrupción –el único fenómeno social que, con propiedad, podría calificarse de “transversal”— y el inveterado erial se convertirá en paraíso. ¡Están que lo tiran, los candidatos! Pero el peatón se pregunta por qué se ha reservado tanta felicidad legislatura tras legislatura cuando, por lo visto y oído, resulta que los remedios eran posibles. No hay mejor escaparate para la trola política que una campaña electoral.

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