‘Uff’: esa es la respuesta del vicepresidente de la Dipu, Ignacio Caraballo –un sueldo millonario en medio de la crisis– al natural interés ciudadano por conocer lo que se ha gastado la prescindible y carísima institución en su cambio de sede. ¿Cuentas a los contribuyentes? Vamos, hombre, ahí podríamos llegar. Pero hay no poca penumbra en torno a ese traslado, una espesa zona de sombra que cada día se oscurece más, entre otras cosas como consecuencias del sospechoso silencio de sus responsables. ¿Por qué no quieren dar esos datos, hay algún gato encerrado en el negocio? La Diputación no podrá quejarse en el supuesto de que las cosas se enreden y la gente acabe pensando lo peor, mientras no proporcione la información precisa. Raro sí que parece que es todo ese lío. Si quieren que no lo parezca que muestren el pie de la suma.

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