No se sabe a ciencia cierta cuántos viajeros constituían el séquito de la presidenta de la Diputación de Huelva que se acercaron a Copenhague con el fin de arrimarle a los próceres del mundo su inestimable colaboración. ¿Se imaginan ustedes a la Cumbre de Copenhague sin esa señora y sus amigas, grandes “expertas en la nada” todas ellas? Cuesta trabajo, lo reconozco, aunque tampoco estoy de acuerdo con quienes achacan al fracaso del cónclave a su presencia. Ellas habrán ido a darse el voltio, a zamparse un ‘smorgabord’ y a darse una sauna, no le den vueltas. Y tampoco hay que ensañarse con ellas, creo yo, porque ni han sido las primeras ni han de ser las últimas.

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