No habrá ‘crisis’ sino ‘turbulencias’, puesto que lo garantiza el Gobierno, pero el ciudadano real, no el imaginario que manejan los políticos, siente cada vez mayor el peso del encarecimiento de la vida y de la subida de las hipotecas. Valga el ejemplo de Sevilla, donde el número de familias que han renegociado sus hipotecas al resultarles imposible atender al pago mensual, ha crecido en un 64 por ciento respecto del año anterior, situándose en una cifra cercana a las 10.600. A la queja soterrada del empresario, lógicamente más discreto, se une un coro creciente de entrampados que sabe que el trato comprensivo de la banca no ha de ser duradero, sobre todo si las cosas van a peor, que parece lo previsible. Suele decirse que la primera condición para enfrentarse a la crisis es reconocerla en su dimensión real. Veremos si nuestros barandas reaccionan o mantienen esa postura suicida que, naturalmente, a ellos no los afecta tanto como al pagano de a pie.

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