El PSOE reclama en Madrid a todo trapo la confesión pública de Rajoy mientras el PP pide en Sevilla que Rubalcaba explique por qué su partido ha consentido la mayor trama de corrupción conocida, a saber, la de los ERE y las prejubilaciones falsas. O sea que unos por otros y la casa por barrer a te la mirada entre atónita e indignada del ciudadanos contribuyente que es el que, en fin de cuentas, paga las facturas del tinglado de la antigua farsa. Todo el mundo mangando, por lo visto, incluidos los sindicatos y algunas minorías, mientras la estimativa pública asume en falso que no existe la posibilidad que exista una política no ya honrada, pero al menos, legal. Y en Andalucía, encima, cambiando de caballo en medio del río crecido y encaramando en el macho a una amazona descalza. Si este monipodio de la política no es un milagro, que venga Dios y lo vea.

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