No podrá quejarse la Junta si sus funcionarios tratan de tangarla alguna vez tal como ella acaba de tangar al Tribunal Constitucional trucando a ojos vista la ejecución de su sentencia sobre la jornada laboral de 35 horas. Es verdad que la Administración autónoma viene funcionando desde su nacimiento a base de trucos, pero nunca como en esta ocasión había osado uno tan peligroso como el de acortar la jornada a base de “trabajo no presencial”, es decir, legalizando la simulación de la tarea, un trampantojo consumado que la deslegitimará sin remedio frente a la eventual indisciplina de sus propios trabajadores. Pero no nos confundamos, porque este pleito y este desenlace –como tantos otros– lo que revelan es la progresiva ruina de un Estado de las Autonomías que ha envejecido tanto que se atreve ya incluso a cuestionar la unidad nacional.

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