Todo el mundo es consciente de que el “apoyo” familiar e institucional a los terroristas etarras presos en nuestras cárceles no es sólo una acción humanitaria sino una estrategia directa o indirectamente diseñada por la banda. Por eso no es admisible el argumento dado por la activista onubense detenida en relación con la frustrada evasión planeada para la prisión de Huelva, en el sentido de que su colaboración humanitaria es ciega y prescinde de ideologías, pues el terror no es una idea ni sus irreparables efectos pueden ser considerados políticos en sentido legítimo. Ayudar a los fines del terrorismo, en cualquier circunstancia, nada tiene que ver con la solidaridad y menos, por supuesto, con el sentimiento democrático.

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