Poco tiene que celebrar Andalucía en este aniversario, por más que se hagan esfuerzos publicitarios. La vaciedad de los mensajes se nota a la legua y cada día más. La gravedad de la situación resulta cada  segundo menos ocultable. Un millón y medio de parados, un relevo en el liderato de lo más endeble, unas perspectivas anubarradas sobre todo por la ausencia de un mínimo proyecto político y la ausencia de cualquier proyecto económico. ¿Qué celebramos al cabo de tres décadas de autonomía que a otras comunidades le han permitido saltar hacia adelante mientras para la nuestra han significado poco más que propaganda, rutina y  burocracia? Triste 28-F. Y con un canto en los dientes si el próximo no es más triste aún.

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