No les va a faltar trabajo a esos guardias civiles que acaban de llegar a Huelva, con el uniforme recién estrenado (lo que quiere decir sin gran experiencia), a la vista de tantos problemas como abruman a esta provincia “compleja y difícil”, según el ‘delegata’ del Gobierno. Ahí tienen al incendiario de turno campando por sus respetos en Beas –tres incendios seguidos—como un desafío a la autoridad lanzado desde un enclave demasiado pequeño como para escapar a un control riguroso. Nada decisivo se aclaró el año pasado ante los incendios en torno a Doñana y menos, por supuesto, respecto del catastrófico incendio que hizo época hace tres veranos. Estos de la aldea de Beas deben ser aclarados con urgencia, a pesar de la consejera, y descartando los intereses de que sospechan los aldeanos, incluyendo algún ambicioso proyecto turístico del que se habla más de la cuenta. Hace falta tanto la pesquisa policial como la colaboración ciudadana, por supuesto. Un enclave como la Fuente de la Corcha es demasiado pequeño para permitir que una mano criminal le tome el pelo a las autoridades.

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