Desde que comenzó este año de gracia, es decir, en el último mes, han sido ejecutadas en Irán nada menos que 74 personas. El sábado pasado colgaron a Zahra Bahrami, la iranoholandesa a la que el régimen de Ahmedinejad, tras detenerla en el curso de los disturbios que tuvieron lugar con motivo de su reelección en 2009, acusó primero de haber atentado contra la seguridad del Estado y, posteriormente, de un más que improbable tráfico de drogas para probar el cual el tribunal revolucionario no ha necesitado demasiadas pruebas. Holanda ha suspendido todo contacto diplomático con Irán y la UE ha protestado enfáticamente, pero lo cierto y verdad es que, como Zahra, al menos 74 personas han sido ejecutadas en Irán este mes –dos de ellas en la plaza pública— a razón de tres diarias. Según los estremecedores cálculos de Human Rights Watch, todo indica que Irán se cepillará alrededor de un millar de criaturas en 2011, superando tal vez por primera vez a la propia China, cuyo primer mandatario, por su parte, acaba de dejar claro en Washington que no admite presiones exteriores en materias consideradas internas y, por tanto, exclusivas, incluyendo los precitos derechos del hombre. Sólo el cinismo internacional puede mantener en pie esta tragicomedia y seguir argumentando el siempre relativo derecho de cada país a aplicar su tradición, aunque esa tradición consista en algo tan desmesuradamente brutal como es el hecho de estas ejecuciones masivas, lo cual obligaría en conciencia a plantearse la licitud de mantener la farsa de la convivencia con Estados tan demostradamente incivilizados, si esa mera cuestión teórica fuera posible en un mundo dentro del cual raro es el país que no tiene su cara oscura y sus cadáveres en el armario. El asesinato de Zahra Bahrami demuestra que ha fracasado de plano el proyecto de abolición de la pena de muerte que propugna la comunidad internacional y que ese proyecto sigue constituyendo una utopía que nadie ha pensado realizar en serio. La verdad es que a ninguna de esas instancias les quita el sueño que cuelguen a una mujer o a mil en Teherán. Holanda misma lo confirma con sus lágrimas de cocodrilo.

¿Y cómo podría ser de otra forma mientras los EEUU, China y Rusia sigan manteniendo en vigor esa bárbara actitud, y el resto de los países se limiten a representar cada cual el papel que le toca en el libreto? Hoy se empieza a relacionar el progresivo desvalor de la vida con el enrocamiento de quienes defienden la pena capital y no va a quedar otro remedio que darle la razón a los pesimistas. Un ser humano no vale un pito vivo, calculen muerto. Mañana nadie volverá a acordarse de Zahra Bahrami.

7 Comentarios

  1. “Un ser humano no vale un pito vivo, calculen muerto. Mañana nadie volverá a acordarse de Zahra Bahrami.”
    Exacto, tiene usted más razón que un santo. Yo no sabía ni que esa señoara existía. Hay casos mediáticos y otros que pasan desapercibidos.
    Hay dias en que el mundo es tristísimo…
    Un beso a todos.

  2. Repetida queja de jagm y de tantas personas: la pena de muerte es un suplicio inhumano, inconcebible en este momento de la civilización. Lo malo es que sigue habiendo mayoría favorable, tal como la describía Valle Inclán. “Apicarada pelambre en torno al garrote vil…”.

  3. La clave la da la columna: USA y China, las dos superpotencias van a la cabeza de la escabechina. Lo de Irán es inaceptable. Me pregunto si el mundo civilizado tiene derecho a negarle el pan y la sal a quienes no observan ni ese mínimo moral que es el sagrado derecho a la vida.

  4. ¡Los pelos de punta! Una quiere creer que esta no es una batalla perdida, pero los hechos son aplastantes. La cifra de ejecutados en enero es pavorosa. ¿Cómo se atreve este mundo a hablar de civilización?

  5. Porque usted lo dice, que si no me costaría trabajo creer en esa cifra de ejecutados en un mes. Como sé que será cierto, no nos queda más que aprentar los dientes y rezar el que sepa y pueda, porque lo que es insistiendo no vamos a conseguir mucho. El día en que los yanquis renuncien a la ley del ahorcado, será otro cantar.

  6. No se acaba con la brutalidad y el salvajismo de la especie así como así, téngase en cuenta que la pena de muerte es muy “popular” y seguramente la reacción contra el delito grave que más satisface al sentimiento colectivo de venganza. Ahí están las encuestas americanas para demostrarlo. En China o en Irán no duden de que las cosas no son distintas.

  7. Le honra su insistencia, don jagm, pero nos tememos mucho que consigamos pocos así nos desgañitemos los peatones. La realidad es que en este momento el mundo está en manos de dos naciones grandes pero no especialmente sensibles (hablamos en un plano de conjunto, admitiendo todos los matices y excepciones que sea preciso), y no cabe esperar de sus ciudadanos una reacción contra esa pena atroz aue a muchos de ellos (¡¡¡y de los neustros!!!) les parece que es la mejor garantía. “¡Pum, pum y fuera!”. ¿Hay alguna expresión más repetida que esa en España aparte de “buenos días”?

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