Colean aún los nervios políticos, y lo harán, al menos, hasta que pase esta semana festiva. Desde Madrid le preparan, al parecer, el relevo a doña Susana, mientras otros muñen aquí silenciosos el futuro Gobierno, y comienzan a conocerse las caras nuevas, a las que habrá que acostumbrarse, y que anuncian todo un relevo generacional –¡ya era hora!–, razón última del “cambio”. Un momento crítico, sin duda, en el que habrá que extremar el tacto por parte de los relevados y tascar el freno impaciente por parte de los recién llegados. Hay muchas razones para la esperanza en este nuevo tiempo, y ello compromete a unos y a otros en un pacto de lealtades desconocido hasta ahora en la autonomía andaluza.

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