El Gobierno más aislado de la Historia se hace trampas en el solitario: manipula las cifras a su pretendido interés para que no tengamos una idea cabal de la magnitud de nuestras pérdidas y él pueda presumir de buena gestión. Por lo demás, no sabe cuándo ni cómo saldremos de la celda aunque autoriza el paseíllo dominical a los niños y regala a sus hermanos mayores la gracia indecente de obtener el grado sin tener en cuenta el número de suspensos. La Junta rechaza, al parecer, esta injustísima indignidad y dice que no va a consentirla. A ver si lo consigue, porque no le faltaba más a nuestro desastre escolar que aprobar al último de la clase lo mismo que al séptimo o incluso al primero. Nos va demasiado en esta imprescindible rebeldía frente a la decretocracia de los trileros.

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