Las elecciones legislativas en Afganistán han dejado un saldo de varios muertos y un índice de participación reducido. Los taliban las habían prohibido y cualquiera que osara relacionarse con el montaje electoral  estaba severamente amenazado, incluso de muerte. Los observadores se preguntan con creciente vehemencia si acaso ese experimento político, democratizar una sociedad teocrática y desvertebrada, tiene sentido, al menos mientras se mantenga intacto el conglomerado de intereses sociales (étnicos, económicos y políticos) que la constituyen. ¿Es exportable la democracia, es viable su delicado sistema en una sociedad multiétnica, aplastada por el yugo teocrático y dependiente en la práctica de un monocultivo, el del opio, cuya explotación y negocio está en manos de los señores de la guerra, al amparo, hay que decirlo, de las potencias extranjeras que ocupan el país desde el conflicto con los soviéticos? El actual primer  mandatario, Hamid Karzai –“el hombre más elegante del mundo”, ya saben– se abrió camino como agente fiel de los servicios secretos para luchar contra los rusos pero debe su fuerza también a los ingentes recursos de su hermano el narcotraficante, a todo lo cual habría que añadir el hecho simple de la ignorancia generalizada de la población, particularmente entre las mujeres, cuyo índice de analfabetas es, lógicamente, colosal. ¿Tiene sentido luchar por una democracia en un país que queda muy lejos de la realidad del autogobierno o será realmente que la necesidad de controlar el petróleo y el negocio redondo de la guerra imponen ese objetivo imposible para legitimar el viejo estado de cosas? La estrategia universal de los EEUU se está revelando imposible –ya desde Vietnam—en el sentido de que resulta fácil iniciar cualquier conflicto en zonas subdesarrolladas pero no lo parece tanto encontrar luego la salida. Pasó quizá la era en que las guerras tenían un comienzo y un final. Afganistán e Irak son dos buenos ejemplos de un equívoco que acabo revelándose como una aporía.

 

Está visto que los valores políticos son menos exportables que los morales en un mundo donde, sin embargo, el mimetismo encuentra abierta todas las puertas. La tele ha hecho que las masas africanas y, en menor medida, las asiáticas, vistan ahora prendas occidentales, se pirren por el fútbol, sean adictas a la cocacola y dicen que ya lo van siendo también a los videojuegos, pero ha conseguido habilitarlas para gobernarse en libertad por la sencilla razón de que, por su hábito tribal, el individuo como sujeto de derechos les resulta un concepto por completo ajeno. De Afganistán saldremos trasquilados en su día dejando intacta la barbarie y las plantaciones de opio.

9 Comentarios

  1. Dos cosas retengo de la columna: que es fácil iniciar guerras pero difícil ganarlas hoy por hoy; y que nadie ha explicado el derecho de los occidentales a imponerle la forma de gobierno inventada por los griegos y mantenida por muestra civilización a pueblos que sienten y se organizan de otras maneras. Ya ven lo que ocurre cuando se intenta…

  2. Lo de “traje ajeno” me parece muy adecuado para aplicar a las democracias impuestas. Tenemos que pensar, sin embargo, que la civilización occidental, que jagm sostiene que es la única “técinamente hablando”, debe pensar en cómo ayurad a salir de la autracia, teocracia y otras abecrraciones tradicionales a las sociedades retrasadas. El problema no es tan simple, y por eso seguramente gm camina de puntillas sobre el tema o me lo ha parecido a mí.

  3. ¿NO ESTÁ PONIENDO EN CUESTIÓN SU PROPIA TESIS DE LA LEGITIMIDAD DEL INTERVENCIONISMO? Sólo es una pregunta, pero me gustaría obtener la respuesta que no espero.

  4. S í parece cierto que las guerras no tienen fin porque no se atreven a ganarlas, pero tampoco quieren perderlas por eso creo que a los USA ni les va ni les viene que en Afganistán impere el analfabetismo, la violencia, el hambre y el miedo…. y si me apuran antes al reves.
    Un beso a todos.

  5. Me temo, querida amiga Marta, que los motivos del fracaso bélico sean más complejos. Después de Vietnam todo ha cambiado y en eso debe de tener mucho que ver el tráfico de armas, incluido el “comercio” de los propios Estados, que van por ahí armando a cualquiera que pueda pagar lo mismo en que en droga o beneficiar con sus acciones los intereses del vendedor. Los pueblos parecen haber desterrado el miedo colectivo a Goliat y hay cada vez más Davides.

  6. Alguien ha resumido ya los temas más sugerents de la columna: ja sido el amogo Nemo y yo me uno a sus consideraciones. El asunto de las guerras imposibles de ganar es más que preocupante, en la medida en que alguna vez algunbo va a tener la tentación de ganarlas…, supongo que me entienden. El Sistema ha sustuituido la amenaza permanente de guerra total por la de sucesivas e inacacables guerras localizadas. No niego que cada conflicto tenga su causa inmediata, pero creo en lo que acabo de decir.

  7. Las guerras son el Mal mayúsculo, el fracaso de los hombres y de las sociedades, la pérdida del espíritu. Si encima se pierden… ¿Pero quién las pierde? No será los que gana tanto con ellas. En Irak y en Afganistán se está dilapidando lo que el mundo necesita para comer, pero hay que imaginar el negocio de los armamentistas. los mercenarios y todo lo demás.

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