Son malas las noticias que llegan desde el Sáhara. Más allá de asaltos policiales y parapoliciales, de destrucción de pacíficos campamentos, de detenciones, cargas y palizas, de censuras y exclusión de periodistas, no sabemos si lo que, en realidad, está sucediendo es una tragedia de mayor cuantía, tal vez un etnocidio con todas las de la ley con el que la tiranía alauita pretendería liquidar de una vez ese viejo quiste que afea su expansionismo usurpador. Cualquier día nos enteramos, y resulta que hay que contar los muertos no por docenas sino por miles, por no hablar de los desaparecidos, que es lo suyo en esa parte del mundo, pero si eso llega a ocurrir no se preocupen porque Marruecos tendrá ya montado su retablillo y en el veremos actuar como cristobitas a nuestros propios representantes, a los americanos que son la madre de ese cordero y a los franceses que, desde la descolonización para acá, andan siempre a lo que cae. En el Congreso español hemos oído a un ministro principal del Gobierno reconocer a Marruecos una soberanía que jamás tuvo sobre aquellos territorios y una condición de potencia administradora que resulta penoso que un ministro principal de España no sepa que no puede poseer nadie sino precisamente España. ¡Pero si la ministra se anda escudando en que no localiza al ministro de Exteriores marroquí!, ¿pueden imaginar ustedes mayor bobada? Malas noticias, en fin, pero peor resulta aún comprobar que en la prensa europea en general ese conflicto feroz y entrañable para muchos de nosotros, ni siquiera existe, no aparece por ninguna parte tras los cuentos del G20, la crisis de imagen de Sarko, las velinas del cerdo de Berlusconi o los apuros financieros de Irlanda. ¿A quién importa una pelea en el desierto, un pleito requeteolvidado frente al que todo el mundo (la ONU, los EEUU, Francia, España o la UE) se pone de perfil para no salir en la incómoda foto, qué más dan unos pocos moros muertos de más o de menos aunque se trate de unos moros que constituyen un ejemplo vivo e irreemplazable del fracaso del orden internacional?

 

Lo de España, por otra parte, es para llorar: excluyen a los periodistas españoles y hasta los expulsan como a maleantes, le toman el pelo al Gobierno por activa y por pasiva, incluso matan a uno de los nuestros (de momento) sin que ni siquiera se le saque tarjeta roja a esos bárbaros. Y encima hemos de tragar con paripés como el del Parlamento andaluz pidiendo por unanimidad lo que de sobra sabe –en especial la mayoría absoluta “amiga del Gobierno”—que no es más que papel mojado. En el Sáhara no está pasando nada según la hemeroteca. Todo indica, sin embargo, que esté ocurriendo lo peor.

1 Comentario

  1. A deshora y con un día de retraso.
    Pero ¿de qué me está usted hablando, que yo no me entero? ¿Y porqué tiene usted tanto interés en el Sahara? ¿Porqué no quiere usted que el Sahara sea marroquí? ¿Qué interés tendría España en conservarlo?

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