Tragedia infantil

Cada día una nueva imagen –y el lector disculpe la insistencia—de la tragedia (mejor que el drama) que se vive en el Estrecho y en nuestras costas. Antier nuestros servicios de salvamento tenían que rescatar a dos polizones que viajaban aferrados al envés de la rampa de acceso de una embarcación, pero la semana pasada fueron cinco menores que se jugaban la vida en alta mar sobre un flotador los que hubieron der ser salvados en última instancia. Los planes de las mafias y su efecto multiplicador constituyen un desafío al que malamente –al menos hasta ahora— responden España y Europa, no hay duda de que en connivencia con quien podría evitar, desde la costa africana, este tráfico miserable. Lo de los “balseros” cubanos resulta ya una broma comparado con el espectáculo que estamos consintiendo aquí.

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