La idea de reprobar parlamentariamente a tres de los Presidentes anteriores de la Junta sobre el rescoldo de la sentencia de los ERE no deja de tener motivo, ciertamente, pero tampoco carecer de ribetes inquietantes. Habrá que sopesar con serenidad pros y contras, y me imagino que así lo estarán haciendo tanto el PP, el otro partido histórico, como el movimiento de Ciudadanos, que fue, al fin y al cabo, el que, como “socio para todo”, prolongó durante una legislatura ese “régimen” y mantuvo a esa Presidenta que ahora podría reprobar. No es malo significar el rechazo de la corrupción –todo lo contrario- pero tal vez puede ser peligroso contribuir a enterrar sin miramientos los escasos restos de confianza pública que le quedan al sistema de libertades. Será prudente encontrar un gesto de regeneración tan enérgico como ponderado en lugar de encender pasionalmente la mecha de la traca.

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