El caso de un grupo de jóvenes que osó plantarse ante el iconostasio de una catedral rusa para entonar una plegaria punk en la que se rogaba por la desaparición de Putin del panorama político, ha provocado, una inusitada reacción de la Iglesia Ortodoxa, cuyo patriarca Kiril destacó en la reciente campaña defendiendo la candidatura oficial. Para Kiril lo que han hecho esas jóvenes constituye un auténtico sacrilegio pero mucho más duro ha sido su portavoz al calificar los hechos como “un crimen peor que el asesinato” y, en consecuencia, exigir para esas punkies canoras la pena ejemplar que, en efecto, les ha sido impuesta. En Rusia, tras la obsesiva labor ateísta del sovietismo, hay en este momento un 70 por ciento de personas que se declaran ortodoxas aunque sólo siete de cada cien sean practicantes, muchas de las cuales apoyan con entusiasmo la sentencia impuesta. Frente a esta demostración, también ha sido notable la demanda de numerosos grupos de intelectuales y artistas que piden que se considere el caso en términos moderados, y recuerdan que la Iglesia rusa volverá a cotizar igual que cuando en 1901 excomulgó de modo tan ignominioso al conde León Tölstoi. Al patriarca Kiril no parece preocuparle, en todo caso, ese riesgo que hace años que desprecia como protagonista de un nuevo entendimiento con el Poder parecido al que, a pesar de todo, funcionó bajo la dictadura soviética.

Del Museo del Ateísmo, en el que, por ejemplo en Leningrado, exponía el péndulo de Foucault y otras proezas de la mente humana como argumento antirreligioso, Rusia ha pasado, de un salto acaso mortal, a reconstruir la alianza Iglesia-Estado (o viceversa) que funcionó hasta la Revolución, es decir, desde el ateísmo oficial de los soviéticos al clericalismo radical de los mafiosos, demostrando, una vez más, lo sutil que es la línea que separa el laicidad del laicismo, mientras Kiril prodiga el incienso convertido en un agente turiferario de la nueva autocracia. No hace mucho tuve ocasión de asistir, en la catedral de Novgorod, a un servicio religioso en el que, de creer a mi guía, el pope habría rogado doce veces por el nuevo patrón, en un vasto memento de los vivos. El humo de los incensarios, el misticismo bizantino de los frescos a lo Rublev y el rezongar de aquel pope sublimaban el rostro devoto de una feligresía diezmada que ha asistido de cerca a la vuelta de la tortilla.

3 Comentarios

  1. La única objeción posible al caso es que, conn la anterior siytuación, estaban peladas al cero en Siberia. Estoy muy de acuerdo en que la Iglesia Ortodoxa se ha prestado a la tragicomedia de Putin el mafioso y es hoy su puntal más fuerte.

  2. Esplendido panorama el de los popes turiferarios, que no hay que olvidar que ya llegaron a medio acuerdo con los soviéticos en tiempos de Krutchev. Preciosa columna.

  3. La Iglesia ortodoxa rusa se ha degradado en tiempos de la URSS. Ahora no es raro que apoye a quien, tal vez de buena fe, imagina un valladar contra la vuelta del comunismo soviético.

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