En una página da Facebook tunecina, “Femen-Tunisian Fanpage”, se asoma una joven liceana, aún por graduar, mostrando al ciberespacio el torso desnudo sobre el cual puede leerse, escrita en árabe, una frase demoledora: “Mi cuerpo me pertenece y no es el honor de nadie”. Se llama Amina y sobre ella ha caído sin tardanza en su web tanto ardientes alegatos de defensa como descalificaciones sin cuento y amenazas directas de muerte por parte de los más radicales, mientras los incipientes movimientos feministas se han desmarcado de la acción provocadora alegando la inconveniencia que supone organizar polémicas inútiles y “dar más grano que moler” al extremismo islamista. A lo cual Amina que, la verdad sea dicha, está como un queso, replica desde la ingenuidad convincente de sus dieciséis años que a ver por qué razón nadie se inmuta ante el torso desnudo del varón mientras que la exhibición del femenino provoca tanto escándalo. “Dennos nuestros derechos y llevaremos el niqab si fuera preciso”, dice antes de protestar frente a la incomprensión alegando que más les valdría a todos, incluidas las feministas tibias, plantarse ante la situación real de la mujer tunecina actualmente acosada, agredida e incluso violada. “El cuerpo de una mujer no pertenece a nadie, ni al padre, ni al marido, ni al hermano”, remacha Amina, y uno mira esa imagen ilustrada con el garabato alárabe, valga el arcaísmo, y está tentado de darle la razón por completo a la amazona. En India y Pakistán, como en otros muchos lugares sometidos al integrismo, se registran a diario agresiones de esos “dueños” imaginarios, una veces con ácido corrosivo, otras con el filo de la navaja, pero hay gestos cada día más elocuentes –ahí está el de Amina—que prueban como tiemblan los cimientos bajo esa arcaica construcción ideológica. Habrá que ver en qué acaba este “trending topic” conseguido por la rebelde colegiala. El primer día hubo ya en la página cuatro mil comentarios.

En estas historias, en el ambiente interior, en la velada intimidad, es dónde se comprueba con claridad el “conflicto de civilizaciones” de que hablaba Huntington, aunque, lamentablemente, de esa arcaica noción varonil de la honra tenemos en nuestro propio ámbito muestras sobradas. No hay que dejarse engañar porque aquí ahora se retraten voluptuosamente las amas de casa en los almanaques porque antes de posar ante la cámara suelen dejarle la comida preparada al marido tolerante.

3 Comentarios

  1. Supongo que las septuagenarias peceras feministas, hoy reconvertidas al precepto socialista, pongamos que hablo de Rubiales, tendrán algo que decir al respecto.

    La joven Amina muestra sus jóvenes pechos con la veladura de los pezones. No obstante el clérigo Adel Almi emite una Fatwa ley religiosa= ley sociopolítica que la condena a lapidación. Pero antes, para que no muera muy deprisa, la condena asimismo a nosécuántos latigazos.

    Supongo que las septuagenarias peceras feministas, hoy reconvertidas al precepto socialista, pongamos que hablo de Rubiales, tendrán algo que decir al respecto.

    Solo escucharemos su silencio. Es la alianza, etecé.

  2. Esas peceras sólo alzan la voz cuando les conviene. Nunca, por ejemplo, cuando la «víctima» lo es de «uno de los suyos». Y además, setenta años son setenta años, como bien señala el ingenio de don Epi. Las Aminas son las únicas feministas en que soy capaz de creer.

  3. ¡Aliemos nuestras civilizaciones, «bibianicémosnosa todo trapo. En muchas ocasiones don ja se ha referido a las feministas de las que habla Don Epi como «feministas en nómina». El feminismo ejercido en ambientes como el que hoy se alude es un auténtico movimiento heroico y no un instrumento para medrar políticamente. Estoy convencido de que muchas mujeres piensan lo mismo.

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