El cerrojazo turístico propinado por los ingleses deja nuestra economía regional con una mano detrás y otra delante. Es lo malo de depender rutinariamente de un sector tan dominante como expuesto, pero enseguida nos han llegado animosos consuelos desde el (des)Gobierno de nuestros pecados: el doctor Simón (el vigía ciego en la cofa pública) anima advirtiendo que esa tragedia no lo es tanto si se piensa que ella misma ha de servirnos de protección contra la pandemia; y la vicepresidenta Calvo (empeñada en batir sus propios récords solecistas con una nueva perla tautológica) nos anima con el argumento de que lo mismo que ocurre aquí pasa en todas partes y de que “si hay brotes es porque hay contagios”. Dice el chusco que no son más tontos porque no se entrenan. Y es verdad.

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