No parece parable esta tendencia del Estado contemporáneo a emular el modelo de sociedad totalitaria  propuesto por Orwell en su novela “1984”, tan próximo en su argumento a las elucubraciones de Chomski sobre la capacidad de las dictaduras para controlar y manejar la opinión. Pero en medio de esas invasiones que comprobamos día tras día crece la debatida cuestión del abrumador control de la vida ciudadana a través de la vigilancia permanente del tráfico de los individuos, control que basa su razón ya que no su legitimidad en la defensa y protección de la propia sociedad. Una ley nueva, la “loi Loppsi 2” acaba de ampliar gravemente en Francia el alcance de las medidas de observación hasta ahora legales, con ser éste ya demostradamente amplio y, en buena medida, atentatorio contra los derechos de la gente a preservar su imagen y la protección de los datos que la afecten. De este modo, a la autorización que desde 1995 permitía instalar cámaras de vigilancia en la calle y edificios públicos a fin de luchar contra el terrorismo, las agresiones y los robos, la nueva normativa añade el derecho de la Administración a colocarlas allí donde puedan servir también para prevenir  el narcotráfico, los incendios, los riesgos tecnológicos e incluso en los parques de atracciones, despliegue que afecta, en consecuencia, a la práctica totalidad del ámbito vital en una ciudad en la que se podrá decir con todo rigor que va a vivirse en libertad vigilada. La emisión en Internet de imágenes en directo, captadas por coches circulantes, ha eliminado sin que nos percatáramos siquiera la vieja intimidad que proporcionaba el anonimato de la calle, un ámbito desde ahora público en el pleno sentido del término y del que habrá de desaparecer o exponerse a la incómoda contemplación de la conducta libre. Hay vecinos, por supuesto, que reclaman esas cámaras como garantía de su seguridad. El toque está en saber si, una vez más, estaremos supeditando la libertad a la seguridad.

 

El ojo público, al que con tanta antelación se adelantó la ficción, es ya una realidad que prueba el estrechamiento de los márgenes que ha sufrido la libertad cívica, por más que cuente con razones no despreciables que avalan estos procedimientos. En cierto modo parece que hemos aceptado garantizar nuestra libertad renunciando a ella, acaso comprobando de nuevo aquello de que la libertad es una tiranía gobernada por sus caprichos o aquello otro, creo que era de Hugo, de que la libertad consiste inevitablemente en escoger entre dos esclavitudes. Hugo iba más lejos, me parece, pero yo lo dejo aquí mientras me encasqueto diligente mi antifaz de ciudadano libre.

8 Comentarios

  1. Perdona pero estamos a favor de las cámaras que tanto le molestan, se conoce que usted no ha tenido nunca su piso en zona de escandalos que si no otro gallo cantaría, seguro.

  2. El poder sea el que sea tiene tendencia a invadirlo todo, a “sujetar” al “súbdito” y someterlo a su albedrío. De ahí que el intervencionismo sea inevitable, todo poder lo intenta. El problema es que con las tecnologías de hoy se puede acabar fiscalizando la vida de todos y cada uno de los seres humanos, vigilarlos, escucharlos, espiarlos hasta acabar con su intimidad. Yo no apuesto por eso aunque puedo comprender que un vecino reclame cámaras en su calle.

  3. Creo que eso o a la americana, cada vecino con su revólver casero, en nombre de la Libertad y del derecho a defender sus bienes, como lo proclama Charlon Heston desde siempre. No creo que la alternativa sea muy positiva.
    Yo digo dos cosas: la primera que tanta información perjudica la información. Por lo visto se filma a todo va todo quisqui, pero luego ¿quién mira las cintas?
    Y la segunda: mientras no puedan leer lo que tenemos en el cerebro siempre nos quedará un resquicio de libertad. Hay gente que nunca se ha sentido más libre que en la carcel…..
    Besos a todos…..y de nuevo , para todos ustedes y sus familias un año 2011 con mucha salud y grandes éxitos.

  4. Feliz año a todos, aunque se presenta duro. ¿Vigilancia? No está de más en algunos lugares, pero se me ocurre que estaría muy bien además en ciertos despachos (muchos) donde se planea la mentira, el cohecho o la extorsión. El alguacil alguacilado. Eso.

  5. Yo entiendo que todo lo que ocurre en la calle es público. En España fracasó, lamentablemente, esa iniciativa para prevenir y/o perseguir a la caleborroca con gran satisfacción de los malos.

    Otra cosa son las escuchas telefónicas, que sí invaden la intimidad. Hoy se están grabando todas las conversaciones con el programa SITEL, aunque, como apunta doña Sicard, el exceso de información perjudica la información, y está ocurriendo hoy que los jueces en vez de recibir las escuchas que solicitan reciben transcripciones SITEL que, según tengo oído, carecen de matices e inflexiones.

    Todos sospechosos, como afirma ja, pero ¿y en los aeropuertos? En los aeropuertos todos presuntos culpables.

  6. No es tan fácil el asunto. Demasiada inseguridad para no echar mano de los medios que le tecnología ofrece. ¿Qué hacer en los aeropuertos de que se queja don Griyo, después del 11-S? Difícil cuestión, no cabe duda. En cuanto a la vigilancia de las calles, pienso que tal vez la libertad de andar por ellas no se ve perjudicada si uno deambula normalmente…

  7. Hace muchos años que vamos con nuestro DNI por delante (o un alias de nuestro DNI) cuando con nuestro coche circulamos matrícula en ristre. No sé de qué nos escandalizamos si todos venimos a esconder, básicamente, lo mismo.

    Saludos. Feliz año.

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