Por fin la Justicia ha entrado a saco en el Ayuntamiento de Marbella y se ha llevado por delante nada menos que a la alcaldesa y a la tránsfuga del PSOE que probablemente sea el cerebro del gobierno municipal “tripartito”, junto con varios ediles más. Es la tercera vez que el primer regidor de Marbella da con sus huesos en la cárcel y, en medio del general asentimiento, el PSOE parece apuntarse con entusiasmo a la operación de acoso y derribo, no sólo actuando institucionalmente para controlar el despiporre urbanístico –hombre, algo discreto habría que hacer antes de presentarse a las elecciones– sino incluso sumándose a las manifestaciones cívicas convocadas en apoyo de la intervención. La situación marbellí, sin embargo, el ominoso caos institucional de su concejo, no es un fenómeno espontáneo como se pretende hacer creer al personal. Gil llegó a Marbella y triunfó, primero, impulsado por la propia corrupción que le precedió, y segundo, impulsado por un PSOE que, repitiendo la jugada de Mitterrand con Le Pen, trataba de restar votos como fuera al PP. Y lo logró. No sólo lo logró sino que, poco después, cuando ya las intenciones y manejos de Gil eran un secreto a voces, pudo cortar por lo sano simplemente dejando que Gil fuera a la cárcel al ser condenado por segunda vez, en lugar de indultarlo, González y el biministro Belloch sabrán por qué poderosa razón, es decir, que si Gil permaneció organizando la trama marbellí fue porque al Gobierno del PSOE así le convino. Escenificaciones amistosas entre el propio González y Gil, como las vividas en el palacio de San Telmo un 28F, u otras por el estilo vividas en el palco del Nou Camp, sólo añadieron evidencia a lo que estaba más que claro: que al PSOE le venía mejor que peor que Gil permaneciera en Marbella. ¿Por qué? Eso tendrán que preguntárselo, insisto, a quienes desde el Poder auspiciaron su desembarco, evitaron su descabalgamiento y mantuvieron intacto su tinglado. A los ciudadanos, excluidos quizá los de Marbella, que al cabo votaban esa opción, que nos registren.

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Tres alcaldes encarcelados han sido precisos para que el PSOE decida actuar en Marbella con todas sus consecuencias, ahora que parece saber que la candidatura que maneja –la de Paulino Plata- no está ni mucho menos madura. El “caso Montaner” demostró la connivencia entre el PSOE y Gil cifrada en un talón del ‘Ostentóreo’cobrado por el partido y, todo hay que decirlo, nunca devuelto, pero es igualmente cierto que en Marbella han sido denunciadas obras ilegales tras las que aparecía un exresponsable máximo de la Junta, o que en la ciudad se han mantenido activa una oficina de gestión de intereses urbanísticos constituida por personas próximas al partido y, en algún caso, vinculadas a la misma familia que anduvo por medio en el “caso Montaner”. En cuanto a la retirada de competencias urbanísticas decretada hace poco por Chaves, hay que decir que por infinitamente menos se le aplicó una medida semejante al alcalde de El Puerto, y que si es cierto que hay en Marbella miles de viviendas ilegales, en otros municipios regidos por destacados alcaldes del PSOE –en Chiclana mismamente—se habla de cifras superiores a las marbellíes. Nunca es tarde si es buena la dicha, por supuesto, pero parece obvio que el PSOE llega tarde al incendio y que no se involucra en su extinción en tanto no decide aspirar a la alcaldía. Pero ¿cómo olvidar que el gilismo no habría existido hace mucho si su Gobierno hubiera dejado actuar a la Justicia y sacar a Gil de la vida política, y cómo olvidar todo lo demás? Lo de Marbella era intolerable, pero no tiene sentido plantear que ese desmadre ha consistido en un mero fenómeno surgido espontáneamente de la caja de Pandora que es el populismo. Gil solo habría durado poco, debidamente controlado, habría fracasado. Esta es la hora de limpiar el Ayuntamiento, de juzgar a la alcaldesa y a sus comparsas. Pero sin olvidar a sus mentores en la sombra.