Si algo nos quedaba por ver en esta huerta sin vallar, ahí tienen el caso de los policías municipales tramposos a los que la Justicia, incluso por partida doble, acaba de blindar en sus puestos. Que “calcaran” el examen que les había “filtrado” no sabemos quién, puede que supusiera “que se violaron con rotundidad los principios básicos” del acceso a la función pública, pero nada, ¡pelillos a la mar!: que se queden en sus puestos y a vivir que son dos días. ¿Y si el fraude se hubiera producido en unas oposiciones a la judicatura, también habría que dejar la Justicia en manos de los jueces tramposos? En estos tiempos confusos no nos quedaba por ver más, como digo, que a la Justicia haciéndose trampas en el solitario.

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