No parece nada complicado encontrarle explicación a la estrategia impuesta por Griñán de premiar a los candidatos fracasados en las elecciones con altos cargos. ¡Pero si él es el primer derrotado el 22-M, y con él todas y cada una de las cúpulas provinciales de su partido en Andalucía! No sólo se trata de conjurar el fantasma del cisma interno sino de justificar por qué los grandes responsables del bastinazo, de Griñán abajo, siguen ahí tan tranquilos. Ni una dimisión, apenas una autocrítica benigna, algunos despropósitos… para que todo siga igual. ¿Cómo exigir cuentas a los fracasados desde el fracaso propio? Griñán ha visto claro, de los males, el menor. Que ello implique poner la Administración en manos por completo inexpertas es lo de menos. “To er mundo vale pa to” y se trata, ante todo, de tapar la derrota propia.

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