Casi ninguna de las nociones convencionales que nos enseñaron en la escuela ha resistido el paso del tiempo y la erosión que sobre los conceptos produce la experiencia. Me referí el otro día al divertido hecho de que los astrólogos se hayan vistos forzados a modificar sus zodiacos una vez comprobado por la astrofísica que el decalage entre la posición de una constelación y el signo zodiacal es aproximadamente de un mes, y acabamos de saber, por gentileza de la Royal Society, que el clásico patrón de medida que desde hace 122 años es el kilo –ese cilindro de iridio y platino que se guarda bajo llave desde finales del XIX– tampoco es de fiar, ya que ha extraviado en los últimos tiempos, nadie sabe cómo ni por qué, cincuenta microgramos de su masa, una cantidad discreta, si se quiere, pero de máximo interés científico. Es como si nada mantuviera su identidad, como si la identidad estuviera sometida a un desgaste imprevisible, como si el sistema de convenciones sobre el que tanto hemos avanzado como civilización, se rebelara en estos inicios del milenio hasta emanciparse cimarrón exigiendo una autonomía del todo incompatible con su índole referencial. El metro tampoco es ya aquella barra que imaginábamos en el parvulario pues parece que los sabios la han sustituido por una medida mucha más precisa basada en cierto experimento lumínico y los mismos cronógrafos nos traen locos (a los locos que les seguimos torpemente el rastro, al menos) con ese comején que les ha entrado por reducir ese error de un segundo cada sesenta millones de años que ahora sabemos que acecha a nuestros más perfectos relojes, incluso a los atómicos, como si pretendieran darle la razón a la fuerza al santo Agustín en aquella ocurrencia suya de que todos sabemos a la perfección lo que es el Tiempo… hasta que nos lo preguntan. Navegamos como surfistas en la cresta de la ola de la vida, dispuestos siempre a darnos el chapuzón en el momento menos pensado.

 

Un mundo de certezas fallidas sostiene el universo monumental de la imaginación científica, tan distinta de la experiencia de los peatones, ingenuos irredimibles aferrados, por lo general, a la conciencia no poco deleznable de la razón práctica. Y un horizonte anublado sustituye al rosicler de las seguridades, hoy que vamos sabiendo que un kilo o un metro no son menos cuestionable, desde una perspectiva empírica, que un segundo o que un signo zodiacal. Raza visionaria y errante, ciegos conduciendo a otros ciegos, nos enteramos poco a poco no sólo de la precariedad de nuestros conocimientos sino de las insalvables  servidumbres de nuestra propia sabiduría.

10 Comentarios

  1. Me encanmtanm estas columnas cultas, ingeniosas, informadas, y tanh bien escritas. Si por mi fuera le pediría a jagm que se dedicara siemrpe a ellas y se olvidara de cualquier política, pues ya hay siobrados comentarios de esa naturaleza. Y él tiene un don especial para estos temas que gustan a tanta gente.

  2. Creo que van a cambiar muchas cosas en nuestra perspectiva, por más que la mayoría de los cambios decisivos esté reservados a nuestros nietos. De todas formas hay que notar un cierto cambio en el proceder científico cada día mnenos confiado en los saberes adquiridos. La imagen de ese kilo periendo masa en su clausura me parece espléndida y le agradezco a ja que la haya resvatado para nosotros en sus correrías diarias por tantos ámbitos.

  3. (Con una rodilla en el suelo y abochornada -sinceramente abochornada- por recibir esas bienvenidas de gente tan ilustre y a las que quiero y agradezco que me ayuden a coronar el Ochomil en que ando, andaba, con el oxígeno bajo mínimos).

    Solo puedo corroborar lo escrito por Berenice. Este hombre de Dios bendito se encaloma el Science, el JAMA y la Biblia en arameo, dedicándole seguro que más de ocho horas diarias a leerlo todo, en sus idiomas, para luego regurgitarnos como leche de paloma, predigerido y fácil de leer, aquello que sabe que esperamos de él. Que gusta a tanta gente, citando de nuevo a Berenice.

    Todos sabemos algo de su vista tan castigada, de sus pequeños achaques, pero disfrutamos con la frescura y el vigor con que nos deleita cada día, como si fuera aquel mozo bien parecido y valiente que nos habló de santidad y bandolerismo. Salutem plurimam y larga vida a nuestro Anfitrión

  4. Es la Ciencia del XIX que se muere a chorros. ¿Cuánto dependemos aún de ella?
    (Inteligente artículo).

  5. Ni metro, ni kilo, ni tiempo, ni zodiaco, ni euro, ni democracia…..

    Finalmente, El que mejor resiste al paso del tiempo es Dios porqueno hay quien lo mida o lo meta bajo llave….
    Un beso a todos.

  6. Sí señor, preciosa columna. La anotación de Tolete –bienvenido– es del todo pertinente, me parece a mí, aparte de que la revolución científica y teconológica que estamos viviendo nos pase desapercibida o, al menos, no seamos capaces de valorarla en toda su dimensión. Pronto “mediremos” de otra forma, “calcularemos” con otros modos. Es la llamada “ciencia nueva” la que está superándose a sí misma. Yya ven que nada es eterno.
    También me sumo al elogio de nuestra doña Epi.

  7. Amén a todo lo dicho, y con todo el respeto que me merece ja, pero…

    La ciencia y la sociedad se separan cada vez más, veamos:

    ¿Cómo se mide la distancia que recorre la luz en 1/299.792.458 de segundo en el vacío, con qué patrón se pesa el kilogramo patrón, qué fiabilidad tienen los últimos decimales, de muchos millones, calculados del número PI y cómo era el Universo cuando tenía menos edad que un nanosegundo y era infinitamente más pequeño que un electrón?

  8. El carácter convencional de la Ciencia no puede ser ignorado, querido Grillo, asi como ne debe confundirse –y hoy auí se ha distinguido bien– entre las distintas y suvesivas etapadas de la Ciencia. Sin la hipótesis de la manzana, metáfora como sabemos, no habría podido firmularse la ley de la gravedad. Sin la metáfora de del concierto celeste no tendríamos ley de la gravitación. Hay muca imaginación en la menta científica y la imaginación es de suyo convencional.

  9. Todo muy interesante hoy. Este hombre saca petróleo de un cántaro vacío, aunque hay que reconocer que sabe darle consistencia a esos “pre-textos” que le sirven de apoyo. Lo de hoy me parece precioso, como en tantas otras ocasiones, y a la vista está que sugiera en el Casino opiniones muy interesantes.

  10. Y digo yo que si había un kilo modelo, cómo coño pesaron ese kilo. Ustedes me tienen que perdonar pero no me entran estas cosas en la cabeza y menos todavía que haya quienes se devanan la sesera entre ellas. A jagm le gustan estos temas porque tienen un lado literario, me parece a mí, y eso le de pretexto para lucirse con sus juegos también literarios, lo cual no es malo por sí mismo, ni yo soy quien para afearselo, pero esa es la verdad.

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