Las municipales que vienen están sacando de sus casillas a la clase política y lanzándola sin frenos por el despeñadero de la infamia. Miren al PSOE de Huelva anunciando una campaña contra el alcalde de la capital al que acusa –a sabiendas de la falsedad del hecho—nada menos que de llamar desde el móvil municipal a cientos de prostíbulos. O la réplica del PP amagando con hacer públicos “los excesos nocturnos” del acusador, el secretario provincial del adversario. Un verdadero asco, un repugnante estado de cosas que saca a la luz la vaciedad absoluta de los proyectos políticos pero también la ignominiosa deriva de la vida pública, cada día más reducida a denuncias infamantes de unos contra otros, a dentelladas la mayoría de las veces efímeras, pero que degradan el oficio hasta un nivel intolerable. El desprestigio de la política es resultado directo de la miseria de unos agentes que no se merecen los ciudadanos representados ni debería tolerar una democracia con un resto de vergüenza. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.