Se comprende que Vox trate de rentabilizar sus activos en la negociación del futuro Gobierno, pero su última exigencia antifeminista está, por lo menos, mal formulada. Son los “tiras y aflojas” normales en todo regateo, pero es una pena que esa nueva fuerza política no acabe de moderar sus impulsos y su lenguaje. Porque aunque no le falte razón al clamar contra ciertos evidentes abusos de la llamada “ideología de género” –ese vasto negocio partidista y profesional— debería evitar las apariencias ginéfobas de su discurso. La normalidad política andaluza no se merece depender de exigencia o caprichos tan superables como el que informa este debate.

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