De nuevo salta a la actualidad el debate sobre la cadena perpetua, motivado en esta ocasión por el presunto e inconcebible parricidio de los niños de Córdoba, de una parte, y de otra, por la libertad al secuestrador Bolinaga. ¿Debe ampararse a criminales de tan extrema naturaleza con los beneficios “humanistas” o sería más prudente mantenerlos fuera de la sociedad, no por venganza sino por precaución? El maestro Gimbernat –nuestro Beccaria—sostiene (“La insoportable gravedad del Código Penal”) que España es el país más represivo de Europa a pesar de que en la mayoría de los países europeos exista la “perpetua”, cree él, que a título simbólico, mientras que en España tenemos la posibilidad de prolongar el control del condenado a 40 años efectivos, una vez cumplida esa condena, con la aplicación de la pena de libertad vigilada durante otros 20 años. Nuestro stendhaliano Aquilino Duque, ese memorión implacable, me recuerda, en cambio la vigencia de hecho del “ergastolo” italiano, una perpetua efectiva que los abolicionistas alegaban con el fin de impedir la pena de muerte. Es verdad que hay que distinguir entre la pena, de suyo aflictiva, y la medida de seguridad pero me juego la mano al decir que no hay manera de meterle eso en la cabeza al pueblo soberano. Por mi parte, entiendo que una perpetua revisable no resultaría demasiado diferente del supuesto máximo que describe Gimbernat, sobreentendido que esa libertad vigilada no tendría por qué ser también aflictiva. Lo que no se entiende es que a un De Juana Chaos el asesinato de una persona le salga por unos cuantos meses, ni cabe en cabeza humana que al presunto parricida cordobés le aguarden beneficios penitenciarios.

Llevan razón los “humanistas” en que tanto el legislador como el juez suelen actuar condicionados gravemente por la presión mediática y la misma opinión pública. Pero también es forzoso reconocer que frente a la delincuencia actual –y no sólo de la perspectiva irracionalista– hay que hacer algo más que esgrimir unos principios fundados en un humanismo que será un paso de progreso, pero que resulta, sin duda, idealista. ¿Cómo soltar a un tío que dice no arrepentirse de haber matado a tres personas y mantenido a otro precisamente en una “ergástula” quinientos días? Le he dicho a Gimbernat que lo que nos está pasando es el resultado de innumerables chapuzas y en su silencio honrado entiendo que me da la razón.

4 Comentarios

  1. Una vez más “Amén”. El tema es espinoso, no le quepa duda, y peligroso en manos de una política oportunista.

  2. La política, mi don Ropón, ay, la política. De Juana o el tal Uribe no estarían en las televisoras si no tuvieran nada que ver con lo que todos sabemos. Por otro lado están el Boca o Santiago del Valle o este padre, supuestamente sin corazón. Queda uno anonadado ante la sima de la maldad. Y tirándole de la serreta al corazón para que no libere la lengua.

  3. Leer estas cosas en el periódico nos recuerda la lectura de Hanna Arendt, de Primo Lévy, de muchos filósofos que han tratado el porblema del Mal, y de los que nuestro don ja nos da dado frecuente noticia. ¿No tendrá fondo la maldad? Una vez le hice esa pregunta a una eminencia liberal que enseñaba en la Facultad de CCPP y EE complutense y, con tristeza indisimulable, me habló su su propia experiencia en la Guerra Civil. Nunca másfui capaz de ver a aquel gran hombre sin sentir cierta piedad. Por él, por mí mismo, por todos.

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