Estaba cantado desde hace demasiados años: los 120 millones de toneladas vertidas sobre 1.200 hectáreas vecinas de la población onubense por la poderosa Fertiberia se quedarán donde los echaron, sólo que enterrados para que no se vean, con el permiso de este Gobierno y no sabemos si finalmente también con el de la “Junta verde” que nos vende Juanma cada dos por tres. Estaba cantado, ya digo, porque un impacto tan colosal precisaría de un gasto también colosal para hacer las cosas como es debido. Lo que no se entiende es cómo puede explicarse que, siendo tan fácil como enterrar semejante atentado medioambiental, hayan tardado tantos años –exponiendo no sabemos a qué a la salud pública– en liquidarlo. Larga es la mano multinacional. Más larga incluso que la de este (des)Gobierrno de extrema izquierda.

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