Es más que probable que la presidenta Díaz no coincida con su “Gobierno amigo” (¿) al valorar el inconcebible espectáculo ofrecido por el Tribunal Supremo a propósito del pleito de las hipotecas. También que su enérgica crítica a los jueces responda esta vez al clima electoralista que estamos viviendo. Pero esto último no debe impedir una ponderación justa de su gesto en favor de la ciudadanía, por aquello de la verdad de Agamenón: “Es una decisión desconcertante –dice doña Susana— y cuesta entender un fallo que pone los intereses de los bancos por delante de los ciudadanos”. ¡Qué bien resuena la verdad cuando es independiente! Vean lo que puede dar de sí un estudiado margen de disidencia en esta asfixiante atmósfera de la disciplina partitocrática.

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