Diversos accidentes y el descubrimiento de una red de túneles excavados ilegalmente en la isla filipina de Luzón han forzado a la autoridad a restringir de manera drástica el inacabable desfile de buscadores de tesoros que persiguen el que, según la leyenda bélica, habría dejado escondido en aquel subsuelo el general japonés Yamashita, famoso depredador del archipiélago, ejecutado en 1946. Hasta el presidente Marcos creyó en esa leyenda e hizo intervenir al ejército en tareas de búsqueda que resultaron absolutamente inútiles, como inútiles han resultado las de millares de espontáneos, legales o sin permiso, que han dilapidado fortunas auténticas persiguiendo ésta, por el momento, irreal. No hay que extrañarse. Himmler engatusó a Hitler con el cuento de que en Montserrat, a tenor de lo que había escrito en sus versos un poeta olvidado, se guardaba celosamente el Santo Grial y él mismo se desplazó al monasterio –con motivo de la visita del jefe a Hendaya—para tratar de localizarlo personalmente. Los cuentos sobre tesoros, no necesariamente infundados, ha movilizado desde siempre al personal, como lo prueba que lo mismo que ocurre el Luzón viene pasando en el lago Toplitz, en plenos Alpes austriacos, desde hace años  o que sean numerosas las expediciones –oficiales y espontáneas—que han escurcado media Europa en busca de presuntos trenes cargados del oro y las joyas saqueados por los nazis. La revista Stern, no contenta con el bastinazo que sufrió al desmostrarse el carácter apócrifo de los diarios de Hitler que publicó, se lanzó también a estas búsquedas logrando recuperar de un fondo lacustre setenta y dos millones de libras esterlinas…falsificadas en cierto campo de concentración. Donde de verdad estaba el oro nazi era en las cajas fuertes de la banca suiza –y de la sueca o de la portuguesa—y a ahí hubo de recurrir la autoridad para escenificar siquiera el espectáculo de devolución del tesoro arrancado a los judíos.

Produce horror hablar de esa odisea, a la que no fueron ajenos otros gobiernos, incluido el vaticano, con su horrendo temario de vagones atestados de joyas familiares, ajuares valiosísimos y hasta las dentaduras arrancadas a las víctimas al pie del crematorio. Como provoca estupor esa pulsión demasiado humana de la búsqueda del tesoro, en la actualidad protagonizada por sociedades anónimas saqueadoras de los viejos pecios olvidados. El Evangelio habla de un hombre que al encontrar un tesoro vuelve a enterrarlo y vende todo lo que tiene para comprar el predio. Es tan vieja la historia de la ilusión humana que ni el tiempo puede gran cosa contra ella.

3 Comentarios

  1. El tesoro que buscan millones de españoles tiene cinco cifras y aparecerá, a bombo y platillo, el día 22.

  2. Hasta en España, país de gran tradición “tesorista”, sorprende esta constancia de los buscadores. Claro que la vista de lo ocuyrrido con el pecio que ahoar reclamamos en USA a quienes lo encontraron, no hay más remedio que entender el sueño, que ya no lo es tanto. El Hombre siempre buscará tesoros, la idea de la fortuna inesperada que refleja el pasaje del Evangelio que cita la columna. Ahí tienen a don Griyo esperando el día 22…

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