Primero fue Punta Umbría, luego le ha tocado a Bollullos y, por fin, a la Nava. Son los terroristillas cobardes de la amenaza, los aberchales de pacotilla de nuestra política banderiza, pero aún así la delegación del Gobierno debe remover Roma con Santiago hasta esclarecer quiénes están detrás de los hechos, porque estas cosas  se sabe como empiezan pero nunca como terminan. Claro que si el jefe provincial del “régimen” culpa a la víctima como ha hecho en Bollullos, es fácil presumir que el subdelegado, que es un mandado, deje correr las cosas. Incluso en La Nava, que es un pañuelo. Igual la autoridad no mueve un músculo porque se malicia que, si lo mueve, puede toparse con lo que no quiere.

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