Como casi todos los años, venturosamente, alguien ha tenido por ahí la idea de recaudar fondos para que ningún niño se quede sin regalo por estas fechas. Nada tan conmovedor como el niño recibiendo nervioso sus regalos y nada tan triste como el niño de las manos vacías. La realidad es que, alrededor del solsticio de invierno que, en gran parte del mundo conmemora el nacimiento de Jesús, existen desde siempre innumerables tradiciones que consisten en ofrecer regalos, especialmente a los niños, que supuestamente proceden de un incierto “más allá” y son transportados, salvo alguna excepción, por mensajeros también procedentes de regiones empíreas. El rito ya funcionaba en Roma y se celebraba coincidiendo con las famosas Saturnalias, pero en todo el ámbito de influencia cristiana ha existido en distintas fechas celebrado por distintos donantes. En toda la región del Véneto la ofrenda la hace santa Lucía cuya fiesta se celebra el 13 de diciembre pero no hay duda de que la iglesia primitiva incrustó ya ese rito en el mitologema navideño, de manera que los regalos se ofrecían el 25 de Diciembre entendiendo que era el propio Niño recién nacido el que obsequiaba, aunque no hayan faltado casos –en algunas regiones francesas, por ejemplo—en los que el día de la fiesta de trasladase al 1 de Enero, comienzo del año. Tan prolongado rito ha acabado fijándose en el 6 de Enero, es decir, en la Epifanía, a la que se asocia comúnmente la visita de los Reyes Magos. La influencia alemana ha divulgado, a su vez, la leyenda de Santa Klaus, es decir, san Nicolás de Bari, el único santo festejado tanto en la iglesia de Occidente como en la Oriental, cuya festividad se celebra el 6 de diciembre. Siempre han abundado las fiestas, generalmente infantiles, en las que el intercambio de regalos parece confirmar la tesis de Marcel Mauss de que el don, la cosa ofrecida, “tiene alma” y, en este sentido, el regalo trasciende su materialidad para adquirir connotaciones de profundo interés social.

Hoy se cuestiona el despilfarro –el “potlach”—que en estas fiestas ha potenciado al máximo una inteligente estrategia de consumo, mientras por otro lado los antropólogos subrayan el papel conciliador del don no sólo entre los niños sino también entre los adultos. Regalar es poner paz, venía a decir Marvin Harris, y en cualquier caso, el don es un elemento integrador de alta eficacia provenga de nuestros bienhechores tradicionales o del nórdico viejo de los renos.

4 Comentarios

  1. Es curioso pero los artículos más bonitos y cultos de jagm son losm menos0 comentados en el blog. ¿Por qué? ¿Acaso no es bastante interesante el tema y su tratamiento? Bueno, hay gustos para todos y yo mismo he dejado en muchas ocasiones de cumplir este “rito” casinero.

  2. Choque esa mano, ilustre y versado don Max, porque suscribo lo suyo de la cruz la raya. Usted y yo sabemos que nuestro amigo ja no se va a arrugar por que le escaseen comentarios qye otros días, en cambio, le sobran, pero sí que es curisoso que los artículos bien trenzados y con sólida base cultural provoquen menos comentarios. ¿Miedo escénico ante rel aparato cultural de este tío, pruedencia mal entendida¿ Lo mismo da. El caso es que una reflexión sobre el regalo como la que antecede hubiera merecido, desde luego, más entusiasmo.

  3. Miu interesante, como siempre que se mete en honduras, con lo difícil que debe de ser tratar estos temas copn intendidad en un par de cuartillas o menos. Leo con gran aficíón, a mis muchos años, este diario de un pensador que va por libre y muchos artículos los conservo porque me merece la pena.

  4. De acuerdo al 100 por cien con don José António y con los casineros.
    A titólo personal me gustaría leer algo sobre donantes y recibidores pues he obsevado que a los que les gusta dar a veces les es dificil recibir y vice versa, a los que reciben con guto les cuesta ofrecer. Hay poca gente que sabe con el mismo gusto dar y recibir.
    Besos a todos.

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