Camelo, ojana, rollo, o como diría Antonio Burgos “similiquitruqui”: pocas veces hemos visto tan a las claras el rollo marinero que arman los políticos como en este final feliz del debate sobre el Estatuto en cuyo preámbulo se ha logrado evitar, como quien va pisando huevos, el absurdo concepto “realidad nacional” para sustituirlo hábilmente (loor a Pepe Acosta que lo frió y a Javier Arenas que se lo comió) por una referencia perfectamente etérea a un Manifiesto de Córdoba que ni tiene la menor trascendencia ni la tuvo jamás. ¡Vaya cuento que nos han contado! Y uno se pregunta cuántos andaluces sabrán de qué habla ese preámbulo y cuántos podrían dar noticia siquiera aproximada de qué fue aquella Asamblea cordobesa y qué decía su rescatado Manifiesto. Camelo, ojana, rollo y similiquitruqui. Tener que oír todavía que los andaluces han logrado un nuevo instrumento para su futuro es como para comer cerillas. 

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