A propósito de la soberbia victoria del Sevilla –Dios sea loado–, un soberbio latinista, Antouio Ramírez de Berger, me lanza en mi blog su amistoso guante con la sugerencia de que explique, ay de mí, “por qué cala tanto en el sentimiento humano aquello de ‘panem et Circenses’ de Juvenal”. De Juvenal, maestro, y de medio mundo, porque para empezar seguro que no tendré que recordarle la receta de Tiberio –“annona et espactaculis”, carne y espectáculos—mucho más cínica que la de nuestro poeta que, al fin y al cabo, escribía asustado por los malos tiempos que le tocaron. Entretener al pueblo es al abc de todo Poder, y si no, recuerde aquello otro de Lorenzo el Magnífico –“Pane e feste tengono il popol quieto”—o la tríada tremenda que en Italia se atribuye tradicionalmente a los Borbones: “Il popolo ha bisogno di tre F: feste, farina e forca”. Entre nosotros lo explicó de una vez por todas León de Arroyal, el ‘ilustrado’ que no se fiaba un pelo del reformismo de la monarquía absoluta y propuso audazmente nada menos que una “feliz revolución”. ¡Qué le voy yo a contar a Noé del Diluvio o a un romanista del ‘evergetismo’, esa institución romana que supo implicar a la sociedad civil en la sibilina maniobra de entretener a la plebe! Al libro insuperable de Paul Veyne me remito y dejemos la cosa ahí para ir al fútbol o, mejor dicho, a la calle trastornada por ese inesperado festival de primavera que ha puesto a Sevilla boca abajo y en todas las bocas el himno sevillón del Arrebato, el niño en el que creyó su abuela. Nada tan efectivo para hacer que se olviden las penas como un copazo, maestro. No hace falta peregrinar a Juvenal, con ser tan gustoso ese viaje, para comprenderlo.

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Aturdido por el entusiasmo, me he puesto a cavilar hasta acabar confirmado en mi vieja idea de que el fútbol, nuestro deporte-rey, no es tanto ni debe su capacidad arrebatadora a su condición de espectáculo, sino a ser el vehículo de esa pulsión maniquea básica que hace que el hombre se reconozca contemplándose en el escudo bruñido del “Otro”, del rival imaginario cuya función psíquica es mantenerlo erguido. El éxito social del fútbol no reside en el espectáculo, creo yo, sino en la victoria misma, en la participación sublimada de la masa en el triunfo del símbolo apropiado, la seducción del héroe de las mil caras revestido con nuestra exclusiva camiseta y, naturalmente, la derrota –siempre imaginaria—del competidor imprescindible. En China, donde algún ejercicio bien parecido a nuestro fútbol, el ‘tsu chu’, se practica desde hace más de cuatro mil años, han bastado una década escasa para levantar una inimaginable afición de mil trescientos millones de hinchas que se calan con entusiasmo las bufandas de nuestros equipos y corean del descerebrado “oé, oé, oé” de la misma manera que nosotros nos rendimos antes su irresistible ‘todo a cien’. No somos nadie sin “el Otro”, aceptémoslo de una puñetera vez, vamos por la vida de demediados irreconciliables en busca de esa media naranja de cuyo aniquilamiento depende nuestra confirmación. El Arrebato es un bardo que nos habla con diplomacia de una guerra sin cuartel y pone a la Giralda por testigo de la ordalía que parece ser la única fuente posible de nuestra compleja autoestima. El hombre es una criatura dual y el fútbol la selva donde sus dos mitades se buscan para fundirse en el rito supremo de la aniquilación, el bosque sagrado en el que el astuto druida custodia al árbol prohibido de la rivalidad. “Panem et circensis”, ‘annona’, ‘pane’, ‘feste’: la muchedumbre silenciosa no es tan difícil de manejar, después de todo, ni en dictadura ni en democracia. El fútbol cala tan hondo en el sentimiento humano porque lo de menos es lo que ocurre en la cancha. Lo que de verdad desata ese vendaval sentimental es la índole maniquea que debe de andar alojada en ese cerebro reptiliano que dicen que todavía controla los movimientos últimos de nuestra ingenua conciencia.

12 Comentarios

  1. Me temo que el Anfitrión se deja llevar en exceso por lo sevillí, ele la grasia, que le rodea y saca de paseo el cainismo.

    El espectáculo en las televisoras, la Una, la Suya, la de Ellos, fue burdo, cutre, soez, cansino hasta el empalago. También tenemos -y pagamos- las teles que nos merecemos. Pero hubiera sido idéntico el espectáculo con otro protagonista en ciudad de un solo equipo, mismo el gadita. El caso es largar bromuro intelectual por un tubo y eso han hecho.

    Un asunto de interés general de capital importancia: er furgo. En 1864, antes de que los capataces negreros y los petimetres de la metrópolis se sudaran en los descampados de Ríotinto corriendo tras un balón para darle “de” patadas, ya el maestro Barbieri escribió su Pan y toros. Pues éso.

    Me temo que, porque mi don Magnífico se ponga Estupendo con su afición, ele la grasia otra vé que nos se pué aguantá, la cosa no pasa de ser una monserga para tragaderas anchas. Y así nos va.

  2. Doña Epiná, no se pase, que nada tiene que ver la evidencia de su tesis (que seguro que comparte gm) y la propuesta ferudiana que hace la columna. En Cádiz también funciona la rivalidad y el maniqueísmo. ¿No sabe que en Andalucía están declarados de “alto riesgo” los SE-CA, Recre-SE, MA-SE y demás? No es preciso para el maniqueo que el rival vive en la acera de enfrente. Él sabrá buscarle las vueltas hasta justificar su enemiga. Además, hay más cosas en esta columna, no poco interesantes, y su intención crítica va más allá del fútbol. El espectáuclo de la Catedral de Sevilla (o la de Vwlencia, o de la Almudena, o de Montserrat) es ridículo más que vergonzoso, incluso para los católicos. Pero jagm habla de algo más amplio. Para una vez que alguien nos ayuda a ver por enicma de las bardas, no saboteemos la operaicón.

  3. Buena reflexión psicoanalítica sobre el Ftbl. Extensible a otros deportes, quizá a todos los deportes. El ajedrez incluido. Todos son sustitutivos de la pelea (el ajedrez simboliza la guerra, como sabemos), individual o grupal. ¿No se podría decir lo mismo del “partido” político, es decir, de la división social en rivales en lucha? En la Justicia mismo se dice hoy, creo que con bastante razón que ofende a sus buenos servidores, que hay dos bandos: un partido, una partida. Pero ninguno de estos ejercicios son capaces de entusiasmar a tantos millones de personas. Por eso gm habla del Hombre con mayúscula, que es el Maniqueo. El futbolista es su actor en el teatro de la vida.

  4. Se critica que en Barcelona se lamente el triunfo en la Copa del Español, vaya nombrecito fascista, pero no se dice ná de ná de los béticos que lloran estos días por los rincones. Por una vez estoy por darle la razón a este jacobino que nos abruma con sus saberes pero trata de distraernos con sus sofismas.

  5. Charnego 2, eres tonto del culo. Nada raro siendo un ‘culé’. Dice mi esposo que, en vista de lo cual, que te vayan dando.

  6. Me gustaría saber de dónde saca ja gómez marín ese aforismo que atribuye a los Borbones. Yo no lo he oído en mi vida pero sí le he oído a él declararse repunlicano muchas veces. ¿Quiere que entremos enm una guerra apócrifa empezando por el “Tiros a la barriga” de Azaña? Ypo le tengo mucho respeto y afecto, pero creo que cuando se dicen cosas como ésa se deben documentar.

  7. Yo soy española por haber nacido en España, don charnego 2 de mierda, pero nada fascista, excepto esa expresión “de mierda” que le voy a repetir y que usted probablemente se regodea y se reitera a si mismo que es una demostración que apoya su tesis.

    Quien nace en Toledo es toledana y chipriota quien lo hace en la bella Cyprus. Llamarse Español, y no Espanyol, en su tierra de adpción es una opción tan democrática como llamarse de cualquier otra manera, puesto que denomina a una gente que cree que aún ese paisito de ventajistas y racistas -le van ustedes a ganar la partida a los morroscos- sigue formando parte del suelo español.

    Si consiguieran la independencia a la que aspiran, je, je,mire cómo se me queda tieso el dedo corazón, cuatro débiles mentales, aún podrían seguir llamándose así, como un recuerdo histórico. Béseles el culo a sus señoritos si con ello aspira a que le sigan echando pienso húmedo. Ah, y no se le olvide menearles el rabito.

  8. Breve comentario el del Rector Magnñifico a pesar de la cuasidedicatoria de la columna, “glosábula, vágula, blándula”, adrianesca, faena de aliño. Esperemos que tenga tiempo de ilustrarnos más y mejor.

  9. Otro artículo que no se entiende del todo, o se entiende lateralmente, por los blogueros, cada cual atento a su juego, como es lógico y natural. No es ninguna broma lo que en ese art. se propone, entre otras cosas porque la teoría del impulso maniqueo es extrapolable a las oposiciones humanas en general y a la guerra en particular. Y por cierto, precioso el recordatorio añadido a “panem et circenses”, aunque le pique y repique a algún monárquico. lo de la “forca” borbónica es definitivo.

  10. Lo de la copa en la catedral, pa morirse, lo mismo esta vez que cuando la llevó Lopera. ¿Qué hacía el cardenal muy serio aguantando ese ridículo tirón? Lo del alcalde no tiene nada de raro, por el contrario, porque las tonterías son lo propio de los… alcaldes.

  11. Llego tarde como tantas veces.
    Porfa: No me insulten a los charnegos porque son masocas… y les gusta.

    Yo no dejo de notar que, en eso de los partidos, el PSOE todavía no ha dejado de cantar el “oé, oé, oé” ni parece que tenga intención de parar nunca.
    ¡Qué mal ganar tiene “la izquierda”!

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