Como la Justicia debe parecer justa además de serlo, alguien debería ir pensando en abordar el permanente divorcio entre la juez sustituta Núñez por un lado, y los fiscales y la propia Audiencia de Sevilla por el otro. Porque lo que no es razonable es mantener en pantalla el reiterado escándalo que supone ver cómo esa magistrada devana sin prisa ni pausa –a base de ralentizar la instrucción y asistir impávida a las frecuentes prescripciones— la madeja que tejió su antecesora. ¿O es compatible la imprescindible confianza pública en la Justicia con esa denuncia de la juez que acaban de elevar a la superioridad (y en pleno) los fiscales Anticorrupción? El enjuiciamiento de las inauditas hazañas perpetradas por el “régimen” dañará  sin remedio al prestigio de la Ley si no se disipa a tiempo la densa niebla que envuelve ya a los trajines forenses. Es el huevo, por supuesto, pero también el fuero lo que han de recuperar tanto los tribunales como la propia Junta.

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