Hasta ahora el guerracivilismo trasminaba sólo como subproducto de ciertos republicanismos tardíos, imprudentes y poco informados. Pero tenía que llegar el argumento guerracivilista desnudo y, claro está, ha llegado en boca de un síndico hasta ahora más moderado que otra cosa, Manuel Pastrana, el jefe de la UGT andaluza. Esa evocación del conflicto fratricida resulta, además de absolutamente impropia, cuando menos temeraria, y confirma el adagio antiguo que augura tempestades  a quien siembra vientos. Pastrana habla de oscuridades y conspiraciones cuando lo que está a la vista es el peligro que para la sociedad entrañan ideas como las suyas.

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