No se cuestiona en sí misma la prescriptibilidad de la acción penal, una institución jurídica inmemorial que pudo funcionar mientras existió una Justicia sin agobios pero que se convierte, de hecho, en un escandaloso coladero en un sistema judicial saturado al que, en esta misma semana, hemos visto archivar masivamente en Huelva “delitos leves por falta de espacio”. Que se vayan de rositas tantos justiciables –como antier mismo algún lamentable caso de escandaloso enchufismo en la Faffe— debería inspirar al legislador la reconsideración de plazos y circunstancias para apropiarlos a la realidad actual. Un abogado listo y un enredo no deberían continuar garantizando –¡con la que está cayendo!–  a quienes burlan la Ley ese perdón postizo que hace mucho que dejó de tener sentido.

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