Se han levantado las voces de repulsa o puntualización tras la brutal ejecución del hermano de Sadam y otro de sus colaboradores. Desde los EEUU se nos dice con el cinismo más gélido que la verdad es que el crimen “pudo hacerse mejor”, es decir, que no se cuestiona la mayor, el asesinato legalizado, sino los modos, ciertamente sádicos, con que los verdugos han sido encargados de perpetrarlo. Normal, teniendo en cuenta lo que hay que tener. Desde Rusia –ya ven qué sarcasmo—la crítica se limita a apuntar que los nuevos suplicios no ayudan a estabilizar la situación sino, con toda probabilidad, a enconarla hasta límites imprevisibles. Desde Francia, a la sombra de la guillotina, altos funcionarios se han desdoblado como contorsionistas éticos para decir que “sí pero no”, que la pena de muerte no es civilizada pero, ah, que allá cada cual en su país con las habas que en sus pucheros se cuezan. Y, en fin, el canciller irlandés, por su parte, se ha acompañado con la gaita para decir que se siente “perturbado” por las “horripilantes” circunstancias que han rodeado la ejecución del hermanísimo Barzan Ibrahim, a saber, la decapitación del reo provocada por un mal cálculo del verdugo o sabe Dios por qué. Los expertos también han aprovechado para instruirnos, no vaya a ser cosa que los peatones creamos que las ciencias y técnicas de la muerte carecen de hermenéutica, y nos han explicado, por ejemplo, con aterradora frialdad, que la muerte en la horca puede producirse, a) por fractura cervical, b) por asfixia y c) por decapitación. Ya saben una cosa más, pues: “la distancia a la que el preso ha de caer al abrirse la trampilla se debe calcular en relación a su peso, altura y físico”, un poner, 2,438 metros de soga para el supliciado que pese 56’625, o bien 1’836 ms para el que arroje en la báscula 72’48 kgs. Así, con decimales, en plan ciencia exacta. Están en la inopia quienes crean que el “Juez de la Horca” era un borrico entero. En realidad era un virtuoso.
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Nuestros viejos verdugos le dieron a Daniel Sueiro hace años una crónica de primera mano sobre la crueldad legal que contribuyó no poco –eran todavía tiempos de esperanza—a disipar la dura opinión tradicional favorable a la última pena que forma parte del psiquismo y del iconostasio hispano. Escenas terribles hasta el absurdo como las que Berlanga zurció en su histórico peliculón, sólo que infinitamente más sórdidas, más execrables y, por descontado, más impías y más farisaicas, escenas atroces como goyescas, garrotes chapuceros como los del aguafuerte de Cela, patíbulos como el que en Valle retrató en la Moncloa madrileña rodeado de la golfemia madrugadora en un ambiente de trementina modernista y humazo de churrería –“Apicarada pelambre/ al pie del garrote vil…”—ni más ni menos feroz en su casticismo aparente que el de los pistoleros chiítas o sus rivales sunníes. Hoy, es verdad, parece que la opinión se va librado de semejante barbarie pero no es menos cierto que, en pleno corazón de la tiniebla, subsiste la pulsión vengativa y el designio homicida que todavía se mantienen o justifican en las democracias más carareadas. En USA se discute ahora la providencia de ofrecer a los condenados la elección del procedimiento fatal, como si cupiera un ápice de humanismo en esa alevosa perfidia que supone dar a escoger a un desgraciado, para mayor iniri, entre la silla eléctrica y la inyección letal. Este Occidente civilizado y faro de los pueblos no acaba de prescindir de la siniestra liturgia que es la penúltima manda heredada de la horda y se iguala en eso con los regímenes más cafres y despiadados que quedan del otro lado de la muga que separa la civilización del primitivismo. Rémy de Gourmont sostuvo que los defensores del cadalso tienen más afinidad con los asesinos que los que la combaten. Una conclusión tan obvia se encabrita como un escándalo ante esta nueva cabeza cercenada.

11 Comentarios

  1. ¡Si me conoceré y a mis clásicos! Ahí tienen ya el trueno de ja desolegando su humanismo sobre el cadalso, una vez más, ahora a propósito del suplicio de un criminal abyecto pero un hombre al fin.

  2. Jia, jia, ante tanto comment serio como puede llegar hoy a este rincón, no puedo menos que recordar el viejo chiste: “El condenado es introducido en la cámara de gas. Está aturdido, tembloroso. Inicia una súplica a su dios y eleva piadosamente los ojos al cielo. Ve con estupor que la cámara no tiene techo y sólo allá arriba percibe las vigas del hierro del desolado barracón donde está instalada. Medio feliz, medio estupefacto se dirige al verdugo con una mirada en cuyo fondo anida la esperanza: ‘¿Cómo van a conseguir que el gas me mate si la cámara no tiene techo? Y el cruel sayón responde: ‘Ya lo sabrás cuando te empiecen a caer encima las bombonas'”.

    Y ahora en serio, si es que a esta vieja alocada se la puede tomar en serio. La única alternativa humana a la insania de la ejecución del tirano, del asesino, del chapote o los parots, es el cumplimiento íntegro de los miles de años que los jueces sentencian -aquí sí que se dibuja una sonrisa sardónica- a semejantes monstruos. Sabiendo que ni la muerte de una Papa, ni un nuevo corpus legislativo, ni Sampedro redivivo, van a sustanciar una mínima amnistía, ni un sólo día de redención. Por ahí sí que entendería yo a la Ciega.

  3. De acuerdo con Dña Epilocuela. No hay nada peor que la pérdida de la Libertad, aunque sí, la pérdida de la esperanza de recuperar la Libertad. No sé si es más cruel que la pena de muerte, pero a los demás nos queda el consuelo de la reversibilidad de la vida frente a la irreversibilidad de la muerte.

    P.S. 1. Como siento no haber podido participar en el “coloquio” de ayer sobre la izquierda y la derecha. El trabajo profesional me tiene ensimismado y sólo me permite leeros a última hora, ya cuando las fuerzas intelectuales están practicamente agotadas. Otra vez será.
    P.S. 2. Maestro, ¿se recuperó totalmente de la operación de cataratas?, supongo que sí cuando se le ve tan “activo”.
    P.S. 3. De forma un poco tardía me uno a los que han felicitado al anfitrión por su elección como hijo predilecto de Huelva. Es un orgullo para Huelva tipos como jagm. Si viérais los magníficos artículos que publica en el suplemento que hace El Mundo-Huelva entenderíais lo que estoy diciendo.

  4. Una vez más me ha emocionado. No me verá entre la muchedumbre asistiendo a su investidura de Hijo Predilecto pero allí estaré.

  5. Pos a mí ni me va ni me viene que le peguen el viaje a esos maderos, que ellos gasearon al personal y se quedaron con la pasta encima. A què no sabenustedes cuantos palacios tenía el Sadam y los demás???

  6. Hoy vuelve a ser piadoso este señor. No tengo inconveniente en reconocerlo y darle gracias.
    Un musulmán español.

  7. Su obsesión antigua, la pena de muerte, su vieja lucha. Recuerdo muchos escritos suyos sobre el tema, desde hace…, en fin, muchos años. Es usted un humanista y no tiene otro remedio que mantener esa postura. A mí que lo soy menos, me ayuda mucho su magnanimidad a la hora de contener a la bestia que se me encabrita dentro en algunos casos.

  8. Enhorabuena, por su valor y por lo del premio que le han dado. El art. no tiene desperdicio. Somos, en efceto, una horda bestial.

  9. Unos más que otros, señora mía. Al jefe, mi amor perpetuo y el contento por esta dignidad que le concede su tierra chica. En cuanto a lo de hoy, también le honra su insistencia en la defensa de la vida al tiempo que en la ocndena del crimen. Muá, don josian, ya hablaremos de ·”Isabelita”…, pero ¿ciándo? Lo espero con ansiedad.

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