Si el maestro Schulten viviera estaría acongojado viendo como se puede vender la isla de Saltés, su Tartesos imaginario y nunca demostrado, incluida en un “paquete” de 30 propiedades entre las que los compradores no la identifican siquiera. La operación es de ‘Sandokán’ –otro mito, pero de rabiosa actualidad–, quien en su día prometió sin cumplir nunca la cesión de terrenos de la isla al dominio pública habida cuenta de su importancia histórica. Y los actuales compradores a ciegas prometen también respetarla con esmero y renuevan vagamente la promesa de cesión. Mientras IU reclama con cierta fanfarria que se excave y conserven los restos romanos de la Plaza de las Monjas, la vieja Saltés, reino viejo y “otra Huelva” a través de los siglos, se vende confundida en un “paquete”, por lo visto en plan de relleno. Habrá que seguirle la pista a la nueva propiedad y contemplar con atención sus actuaciones, que tal vez se queden en nada, como parece ser el destino de esa isla que vieron los viajeros clásicos y hoy se vende sin etiqueta siquiera.

1 Comentario

  1. ¿No eran casi gemelas Bacuta y Saltés? ¿No hay un plan o un algo que prohibe plantar en ellas ni una silla de cámping? ¿No habrá un tahur huelvano que se siente frente a Sandokán y lo caliente hasta que este se juegue la(s) isla(s) y entonces el Manosfinas saque el naipe necesario de donde sea necesario? Ya pronto, uno no solo va a ser apátrida de la Patria grande, sino que va a renegar hasta del Recre. La madre que parió a Peneque.

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