De las corrupciones no se salva, al parecer, ninguna fuerza política, y hay que reconocer que la cosa no deja de tener su lógica vista la lenidad con que el electorado vota a ojos cerrados a los mismos corruptos a los que decía de antemano que no iba a votar. Ahora le toca a IU, en la Diputación de Granada, donde un miembro suyo se las arreglaba para organizar una trama de facturas falsas en beneficio del consabido amigo-cómplice. Claro está que una golondrina no hace verano, pero vaya mala suerte que le salga a IU un mangante justo cuando monta el gesto de exigir transparencia a la Junta de Andalucía en el caso de los Ere fraudulentos. ¿Será verdad que la corrupción alcanza a todos los partidos, aunque no a todos en la misma medida? Pues puede, pero ésta es, sin duda, una pésima noticia para los autoproclamados “regeneradores” de nuestra vida pública.

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